El mapa electoral de la segunda vuelta presidencial del 7 de junio de 2026 ha puesto en evidencia una fractura territorial que, según diversos analistas, tiene un nombre propio: el fracaso de la descentralización. Mientras aún no se proclama al presidente electo, el conteo de votos muestra que la candidata Keiko Fujimori supera por cerca de 37 000 votos a su contendiente, sobre un total de más de 18 millones de sufragios emitidos, en una de las elecciones más ajustadas de la historia republicana.
Un país dividido en dos experiencias
El 66.76 % de los electores de Cajamarca votó por el candidato Juan Sánchez; en Puno, el respaldo alcanzó el 86.41 %. En contraste, el 63.57 % de los votantes de Lima Metropolitana optó por Fujimori, mientras que en El Callao el 65.58 % se inclinó por Fuerza Popular, y el 63.28 % de los peruanos residentes en el extranjero también respaldó a la candidata fujimorista.
Ese resultado evidencia que el país no solo está dividido entre dos candidatos, sino entre dos experiencias distintas de lo que significa vivir bajo el mismo Estado. Fujimori ganó apoyándose en Lima Metropolitana, el Callao y la costa norte, territorios con mayor concentración poblacional, mejor cobertura de servicios públicos y menores índices de pobreza. Sánchez arrasó en el sur andino, la sierra central y parte de la selva, zonas con mayor pobreza y peores indicadores de salud y educación.
24 años de descentralización y S/ 185 000 millones después
El proceso de descentralización del Perú comenzó formalmente en 2002, con la Ley de Bases de la Descentralización y la creación de los gobiernos regionales. Veinticuatro años después, el mapa electoral del 7 de junio de 2026 se ha convertido, según el análisis, en la mejor evaluación de desempeño de ese proceso, y la calificación es desaprobatoria.
Entre 2019 y 2025, de acuerdo con la Consulta Amigable del Portal de Transparencia Económica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), los gobiernos regionales y locales gastaron aproximadamente S/ 185 000 millones en proyectos de inversión pública. Sin embargo, las brechas de agua potable, saneamiento, infraestructura vial, equipamiento hospitalario e infraestructura escolar en departamentos como Cajamarca, Puno, Huancavelica y Ayacucho se mantienen en niveles similares a los de hace dos décadas.
Las causas del fracaso: competencias sin capacidades
El análisis señala que la descentralización transfirió competencias sin desarrollar capacidades técnicas, y presupuesto sin generar las condiciones necesarias para ejecutarlo con eficiencia. Se crearon 25 gobiernos regionales, 196 provincias y 1 696 distritos, muchos de ellos sin criterio técnico, lo que generó una atomización administrativa que dificulta la provisión de servicios básicos.
Frente a este diagnóstico, se proponen seis pilares fundamentales para una reforma de la descentralización:
- Reorganización territorial con criterios técnicos de viabilidad. El Perú no puede sostener 1 892 distritos cuando una proporción significativa no cumple los criterios mínimos de población, base tributaria ni capacidad institucional. Se propone retomar la idea de macrorregiones, no como fusión forzada, sino como articulación de corredores económicos y ecológicos.
- Descentralización fiscal real. Mientras los gobiernos regionales y locales dependan casi exclusivamente de transferencias del gobierno nacional, sin capacidad de recaudación ni incentivos, seguirán atrapados en un ciclo de dependencia. Se sugiere fortalecer el impuesto predial y revisar la distribución del canon minero y gasífero.
- Desarrollar capacidades antes de transferir competencias. Cada nueva competencia o recurso debe ir acompañado previamente del desarrollo de capacidades para gestionarla: formación de servidores civiles regionales, sistemas de información y asistencia técnica continua.
- Rectoría efectiva del proceso de descentralización. Se necesita un órgano rector con autoridad real (ministerio, secretaría de Estado o consejo con mandato vinculante) que conduzca el proceso, evalúe resultados y articule los tres niveles de gobierno.
- Regionalización basada en corredores económicos y pisos ecológicos. Se sugiere una regionalización transversal que integre territorios según sus complementariedades productivas y corredores económicos naturales, en lugar de los límites departamentales históricos.
- Vinculación entre inversión pública y cierre de brechas. El presupuesto de inversiones debe medirse por resultados concretos: kilómetros de carretera asfaltada, hogares con agua potable, centros de salud equipados y niños sin desnutrición crónica.
Una lección para el próximo gobierno
El análisis concluye que, en el Perú, el voto se ha convertido en el principal instrumento de medición de la presencia o ausencia del Estado. A menos de cuatro meses de las Elecciones Regionales y Municipales del 4 de octubre, quien asuma la Presidencia de la República tendrá una primera oportunidad de demostrar si su gobierno entendió el mensaje del mapa electoral o si lo archivará junto con todos los diagnósticos previos.
Las decisiones que tome en sus primeros cien días serán la señal de si está dispuesto a tomar en serio el proceso de descentralización. Tras veinticuatro años, ya no se necesitan más diagnósticos sobre su fracaso: se necesita, por primera vez, la voluntad política de implementar lo que ya se sabe que funciona.










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