Y finalmente tenemos humo blanco saliendo del techo del JNE y habemus segunda vuelta. Luego de denuncias de fraude, marchas y entrevistas más que delirantes, se ha hecho oficial este pasado domingo 17 de mayo que las fórmulas presidenciales de Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Roberto Sánchez de Juntos por el Perú son quienes finalmente disputarán el balotaje para definir quién será el próximo presidente o presidenta de la república durante los próximos 5 años, aunque en un país como el nuestro, es casi una utopía el pensar que se pueda tener un mandato completo de gobierno. Quizás el gran derrotado de esta última jornada fue Rafael López Aliaga, quien parece haberse puesto el clavo final a su carrera política.
El escenario vivido en el año 2021 con la irrupción del profesor rural Pedro Castillo se vuelve a repetir cuatro años después con su sucesor político, a quien no solamente le entrego su sombrero, sino el mandato de recuperar un gobierno que fue atacado y defenestrado por la derecha desde el primer día, terminando con los sucesos del 7 de diciembre y con toda una movilización campesina y popular reprimida a sangre y fuego, cuyo saldo fueron más de 50 muertos. Quizás una de las masacres más brutales sucedidas en el sur del país desde la época del conflicto armado interno.
Y es que, desde el pasado jueves que se actualizó el 100 por ciento del conteo en la página oficial de la ONPE, ya empezaban a operar las redes de demolición y guerra sucia, que obviamente ya tenían la data de que el candidato de la izquierda pasaba a segunda vuelta y que hasta la fecha viene siendo atacado a través de periodicazos, editoriales y desde las redes sociales. Inteligentemente y sabiendo del poco tiempo que durará esta segunda vuelta, ninguno de los dos finalistas ha mostrado mayor interés en sobreexponerse a los ataques de uno u otro bando. Pareciera que ambos esperan el tramo final para impulsar sus campañas.
Son en total dos semanas y un poco más en donde los candidatos tendrán que ganarse a ese elector que optó por otra opción en la primera vuelta y un margen de voto viciado o blanco, que es finalmente quien puede terminar inclinando la balanza. En ese sentido, el candidato de JP ya ha recibido el apoyo explícito del partido Primera La Gente, que postuló a la exministra de PPK Marisol Pérez Tello, así como de claros acercamientos con el partido Ahora Nación de Alfonso López Chau y Obras de Ricardo Belmont. Por su parte, parece que las bases de Renovación Popular terminarán haciendo campaña por la candidata del fujimorismo, así como partidos como País para Todos. Queda en entredicho por quién se terminará de decantar el Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto.
Hasta el momento, quienes sí han mostrado cierta ambivalencia han sido los políticos y figuras de centro o centro derecha. Aquellos mismos sectores que se sumaron al antifujimorismo entusiastamente en el año 2016 pidiendo un voto activo y convencido por PPK, desde la pasada elección exigen lo que ellos llaman un mínimo de consensos y renuncias al candidato de las izquierdas para darle su activo y hasta desganado apoyo. Entre ellos podemos encontrar al intelectual Alberto Vergara, quien le pedía al candidato de la embajada norteamericana ponerse el alma en una columna del 26 de abril del 2016 y que ahora hace maromas intelectuales para justificar un voto por el fujimorismo y darle un sentido democrático.
Mucho de ese centro dizque institucional y conciliador es el mismo que se sumó a la extrema derecha en la campaña por la vacancia y que incluso, pese a que ya se notaba el carácter autoritario del gobierno de Dina Boluarte, la apoyó ante el inminente estallido popular que empezaba a gestarse. Graciosa y triste fue en ese sentido la portada del semanario Hildebrandt en sus Trece del reconocido periodista César Hildebrandt que, una vez detenido el presidente Castillo, puso en su primera página y a todo color: “El fin de la pesadilla”. Lo que el popular Chato no se esperaba, rodeado de su biblioteca y su soberbia, era lo que venía por delante. Aunque quienes lo admiramos desde hace años ya nos habíamos decepcionado bastante cuando en los primeros días de movilización en el sur tildó a los protestantes de turbas, al mismo estilo que lo habría hecho su hermana Martha. En fin, algunos deciden envejecer de esa manera.
Ahora, viendo lo que queda por delante, ya se han hecho algunos anuncios interesantes. Uno de ellos ciertamente ha sido la inclusión del exfiscal anticorrupción del caso Lava Jato, José Domingo Pérez, como potencial futuro ministro de Justicia, la inclusión de Manuel Rodríguez Cuadros, diplomático de experiencia y con amplio historial en el plano internacional, y la reciente designación del exministro de economía Pedro Francke como encargado del plan económico de gobierno del candidato Roberto Sánchez. Jales que no solamente buscan sacar un poco el foco de personajes cuestionables como el irredentista y errático Antauro Humala, sino que además buscan darle a su candidatura un aura de solvencia política y económica.
Por el lado de la candidata de Fuerza Popular, hace poco se ha dado a conocer una reunión entre ella y el expresidente Pedro Pablo Kuczynski, en lo que ciertamente es un intento por mostrar un perfil conciliador, diferente, claro está, a lo que ha venido mostrando en los últimos 15 años. Podría decirse que no sería la primera vez que el candidato favorito del caviarismo estaría maquinando darle su apoyo a la candidata de Fuerza Popular, que para quienes son muy jóvenes y creen que el señor es una especie de adalid antifujimorista, este ya apoyó el regreso del fujimorismo abiertamente en el cierre de campaña de la heredera de la dictadura en el año 2011. Hace poco salió a desmentir un supuesto apoyo, pero en la boca de quien dijo que no iba a indultar a Alberto Fujimori y terminó haciéndolo por salvar su agonizante presidencia, lo cierto se hace dudoso.
Ahora, es suficiente el tiempo para que, en dos semanas y un poco más, tengamos dos debates presidenciales, un debate de equipos técnicos e incluso la posibilidad de un debate entre candidatos a vicepresidentes. Complejo ciertamente, pero no para una ONPE y un JNE que tuvo que hacer un debate con más de 30 candidatos, en donde más que propuestas sacamos uno que otro meme divertido. Al final, amable lector, queda en usted usar un poco de su recargado tiempo para definir quién es la mejor opción para el país. En mi caso particular, ya he tomado una decisión. Volver al pasado no es una opción y no hablo de los 90, sino de lo que ya hemos vivido con una mayoría parlamentaria antes y una coalición derechista desde hace 4 años. Si vamos a estar en lo correcto o a equivocarnos, prefiero que sea al lado de los pobres y de quienes, pese a toda la propaganda del milagro peruano, no han tenido más que olvido y represión para ellos y los suyos. Nosotros, como electores, tenemos al final la última palabra.










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