Un escenario que coloca a 395,956 habitantes de Huánuco en riesgo muy alto por déficit hídrico no puede ser leído como una estadística más ni archivado como otro documento técnico. Estamos hablando de familias, agricultores, ganaderos y comunidades enteras cuya vida cotidiana depende de un recurso que empieza a aparecer, otra vez, en el centro de nuestras preocupaciones: el agua. Desde Diario Ahora consideramos que esta advertencia merece atención inmediata, responsable y, sobre todo, decisiones antes de que la emergencia deje de ser una posibilidad.
Las cifras son suficientemente contundentes. El escenario 2026-2027 comprende 71 distritos, 164,561 viviendas, 844,887 hectáreas de superficie agrícola y 601,678 hectáreas de pastos. La información difundida por la Oficina Regional de Gestión del Riesgo de Desastres describe una exposición de enorme dimensión. Pero hay una precisión indispensable: se trata de un escenario de riesgo. El reporte no establece que toda esa superficie ya registre pérdidas, ni que las casi 396 mil personas señaladas estén actualmente sin agua. Confundir prevención con catástrofe consumada solo alimentaría alarma. Minimizarla, en cambio, sería igual de irresponsable.
Nuestra posición es clara: Huánuco no puede esperar a que falte el agua para comenzar a discutir qué hacer. La gestión pública tiene sentido precisamente cuando se adelanta a los problemas. Una advertencia técnica sirve de poco si no termina convertida en planificación, prioridades y capacidad de respuesta. Y en este caso todavía existe una pregunta central que el ciudadano tiene derecho a formular: ¿cuáles de los 71 distritos concentran la mayor exposición y qué medidas concretas corresponden a cada realidad?
No todos los territorios enfrentan necesariamente el mismo nivel de amenaza, y allí aparece una de las limitaciones de la información difundida. El material identifica viviendas, población y extensas áreas productivas dentro del escenario general, pero no presenta una distribución detallada por distrito. Ese detalle no es menor. Permitiría saber dónde deben concentrarse primero los esfuerzos y evitaría que una alerta regional termine diluyéndose en una cifra demasiado grande para convertirse en acción concreta.
Hay, además, una dimensión que no debemos perder de vista. Cuando el agua escasea, el problema no se queda en el campo. Una agricultura expuesta y cientos de miles de hectáreas de pastos bajo riesgo pueden comprometer economías familiares, producción y abastecimiento. Por eso la prevención hídrica no debe verse como un asunto exclusivo de especialistas o funcionarios. Es un problema que puede alcanzar directamente la mesa y el bolsillo de las familias.
Huánuco necesita que esta advertencia sea el comienzo de una respuesta y no el final de una publicación. Corresponde conocer qué acciones se adoptarán, con qué prioridades y en qué zonas. La ciudadanía merece información precisa, no únicamente mapas de alerta. El déficit hídrico todavía es presentado como un escenario de riesgo; justamente por eso este es el momento de actuar, antes de que la advertencia termine convertida en una emergencia que todos vimos venir.










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