Huánuco necesita algo más profundo que ponerse un traje típico, bailar una danza o servir un plato tradicional una vez al año. La identidad, si realmente queremos llamarla así, tiene que sentirse cuando termina la música y las calles vuelven a la rutina. Deberíamos considerar cómo cuidamos nuestra ciudad, cómo tratamos a nuestros vecinos, cómo defendemos nuestra historia y, sobre todo, cuánto nos importa el destino de esta tierra.
Después de muchas gestiones de varios ciudadanos huaqueños, como el padre Oswaldo Rodríguez Martínez y la Sra. Elvira Olivas Miraval, el Día de la Identidad Cultural Huanuqueña fue institucionalizado en 2016 y se celebra el primer viernes después del aniversario de Huánuco. La norma plantea fortalecer las costumbres, tradiciones, cultura e historia de las once provincias de la región. Es una iniciativa valiosa. Pero una ordenanza puede establecer una fecha; no puede fabricar pertenencia.
Allí está precisamente el desafío.
Durante años, el padre Oswaldo Rodríguez Martínez ha sido una de las voces vinculadas a este esfuerzo. Formó parte del Comité Promotor de la Identidad Cultural Huanuqueña y planteó una idea que merece ser tomada en serio: difícilmente podremos hablar de progreso si no sabemos primero quiénes somos.
Desde Diario Ahora compartimos el fondo de esa reflexión, pero creemos que debemos llevarla un paso más allá.
Ser huanuqueño no puede convertirse en una fotografía para las redes sociales ni en una ceremonia que dura algunas horas. Tampoco puede reducirse al orgullo repetido en discursos oficiales. La verdadera identidad exige conocimiento, memoria y conducta. Significa que un niño conozca la historia de su tierra sin aprenderla únicamente para aprobar un examen. Que nuestras danzas no aparezcan solamente cuando llega agosto. Que nuestras lenguas, nuestra música, nuestra gastronomía y los saberes de nuestras comunidades encuentren espacio durante todo el año.
Y significa también algo menos vistoso, pero mucho más importante: sentir que lo público nos pertenece.
Quien ama su tierra no debería acostumbrarse a verla deteriorarse. No debería mirar con indiferencia una plaza descuidada, una tradición que desaparece o una historia que nadie enseña. La identidad también es responsabilidad ciudadana. Es entender que Huánuco no es únicamente aquello que heredamos, sino aquello que estamos dejando.
Además, hablamos de una región de once provincias, con expresiones culturales distintas entre los Andes y la Amazonía. Por eso, defender la identidad huanuqueña supone evitar que una sola imagen de Huánuco pretenda representar a todos. Nuestra mayor riqueza está precisamente en esa diversidad.
Hoy vale bailar, cantar, vestir nuestros colores y celebrar. Claro que vale.
Pero mañana, cuando se guarden los trajes y termine la ceremonia, comenzará la prueba verdadera.
Porque la identidad que solo aparece un día es celebración. La identidad que acompaña nuestras decisiones, nuestra educación, nuestra convivencia y nuestra manera de cuidar Huánuco es pertenencia.
Y esa es la que necesitamos recuperar.










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