La devastadora inundación que golpeó la frontera entre Nepal y China dejó al menos 1.066 muertos, según el balance provisional difundido por las autoridades. De ese total, 1.050 fallecimientos fueron registrados en territorio nepalí y 16 en el Tíbet, bajo administración china. La tragedia ocurrió el miércoles 26 de agosto, cuando el colapso de un glaciar liberó una masa de agua, hielo, rocas y lodo sobre varios valles del Himalaya. La corriente arrasó viviendas, carreteras, puentes y proyectos hidroeléctricos, mientras comunidades enteras quedaron aisladas por los deslizamientos y la destrucción de las vías de acceso. Más de 4.400 personas permanecen desaparecidas en ambos países. En Nepal, las autoridades buscan a 3.916 personas, mientras que China reportó 546 desaparecidos en el Tíbet. Entre ellos figuran trabajadores, turistas, peregrinos y ciudadanos extranjeros que se encontraban en la región cuando ocurrió el desastre. Las operaciones de búsqueda continúan con perros rastreadores, excavadoras y equipos especializados. Sin embargo, el terreno inestable, las lluvias persistentes y los elevados niveles de agua dificultan el ingreso de los rescatistas. Una de las mayores preocupaciones es la situación de cientos de obreros vinculados a centrales hidroeléctricas, algunos posiblemente atrapados en túneles bloqueados por barro y escombros. La magnitud de la emergencia también saturó las morgues de Nepal. Las autoridades comenzaron a sepultar provisionalmente cuerpos no identificados, después de recoger muestras de ADN y registrar sus características para facilitar una identificación posterior. El Gobierno nepalí solicitó cooperación internacional para atender a los damnificados, identificar víctimas y reforzar las labores de rescate. Especialistas advierten, además, que el calentamiento global está acelerando el deshielo y aumentando el riesgo de nuevas inundaciones repentinas en el Himalaya. El número de víctimas podría seguir aumentando conforme los equipos alcancen las zonas incomunicadas.
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