La caída de fragmentos de un misil iraní y de interceptores israelíes en las inmediaciones de la Ciudad Vieja de Jerusalén encendió las alertas este viernes en una de las zonas religiosas y simbólicas más sensibles de Medio Oriente. De acuerdo con reportes de medios internacionales y versiones atribuidas a la policía israelí, el impacto se produjo cerca del Barrio Judío y a corta distancia de los principales recintos sagrados de la ciudad. Hasta el momento no se han reportado víctimas, aunque sí daños materiales y un fuerte despliegue de seguridad en los accesos al área. Las imágenes difundidas por la televisión israelí y reproducidas por agencias internacionales mostraron humo en las cercanías de las murallas y un cráter en una vía próxima a los barrios Judío y Armenio. La policía y los equipos de emergencia inspeccionan restos de proyectiles e interceptores para determinar con precisión el origen de los daños y descartar nuevos riesgos en una zona que concentra lugares sagrados para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Zona de alta sensibilidad religiosa Los reportes más consistentes señalan que no hubo un impacto directo confirmado sobre el Monte del Templo/Haram al-Sharif, sino caída de fragmentos o restos de interceptación en el entorno de la Ciudad Vieja. Esa precisión es clave por la sensibilidad política y religiosa del lugar, donde se encuentran sitios como la Explanada de las Mezquitas, el Muro Occidental y la Iglesia del Santo Sepulcro. El episodio ocurre en medio de una nueva escalada regional entre Irán, Israel y Estados Unidos. La tensión también golpea el mercado energético y el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz. Este viernes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, criticó a países de la OTAN por no sumarse a las operaciones para reabrir esa ruta y los calificó de “cobardes” en Truth Social, según reportes de prensa internacional. Escalada con efectos globales La crisis ya tiene consecuencias más allá del frente militar. Informes periodísticos publicados este viernes señalan que el cierre parcial del estrecho de Ormuz ha elevado la presión sobre los precios del petróleo y ha llevado a nuevos despliegues militares de Estados Unidos en la región. En ese contexto, la caída de fragmentos cerca de la Ciudad Vieja de Jerusalén añade un componente especialmente delicado: el riesgo de que el conflicto alcance espacios de altísimo valor religioso, histórico y político.