El devastador terremoto que golpeó la costa de Venezuela no solo dejó miles de víctimas y enormes pérdidas materiales, sino que también puso bajo sospecha uno de los programas sociales más emblemáticos impulsados durante el gobierno de Hugo Chávez: la Gran Misión Vivienda Venezuela. En Ciudad Chávez, un complejo habitacional ubicado en Playa Grande, estado La Guaira, más de un centenar de edificios construidos por empresas turcas quedaron destruidos, inclinados o con graves daños estructurales tras los sismos de magnitudes 7,2 y 7,4 registrados el pasado 24 de junio. El conjunto estaba formado por 196 bloques de cuatro pisos destinados a familias de escasos recursos. “Eran de cartón”, relataron algunos sobrevivientes al describir la rapidez con la que se agrietaron y desplomaron las viviendas. Las denuncias apuntan al uso de materiales livianos, deficiencias en el diseño y una posible falta de controles técnicos adecuados. Especialistas también cuestionaron que las edificaciones no habrían cumplido rigurosamente las normas antisísmicas vigentes en el país. La tragedia ha reabierto el debate sobre la calidad de las viviendas entregadas como símbolo de justicia social. Lo que durante años fue presentado como una conquista de la revolución bolivariana hoy aparece convertido en escombros, temor e incertidumbre. Miles de damnificados permanecen en refugios improvisados, mientras exigen investigaciones independientes, asistencia humanitaria y responsabilidades. El terremoto no solo estremeció la tierra venezolana: también sacudió uno de los principales legados políticos y sociales del chavismo.
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