Durante más de 80 años, nadie supo qué le sucedió a un prisionero de guerra soviético que escapó de los nazis en las Islas del Canal y pasó el resto de la Segunda Guerra Mundial escondido de los ocupantes alemanes con una familia local. Conocido solo por su nombre de pila, Bokejon, o simplemente Tom, fue uno de los aproximadamente 2.000 prisioneros y trabajadores forzosos soviéticos llevados a la isla de Jersey para construir fortificaciones nazis.
Fue en 1943 cuando Tom escapó de uno de los campos de trabajos forzados que los nazis tenían en Jersey. Exhausto, hambriento y desesperado, llamó a la puerta de los granjeros locales John y Phyllis Le Breton, quienes, conscientes del riesgo, lo acogieron y le salvaron la vida.
Las condiciones en los campos eran muy duras. En su diario, Tom escribió: "Extraíamos piedra de la cantera desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. Nuestra comida consistía en sopa al mediodía y una ración muy escasa de pan con mantequilla a la hora del té. No desayunábamos". También relató los maltratos: "Por la menor cosa, nos golpeaban brutalmente… y si no podíamos trabajar, nos dejaban sin comer y nos volvían a golpear; jamás nos creían si estábamos enfermos".
El peligro de esconder a un fugitivo
El riesgo que asumieron los Le Breton era real. Otra residente de Jersey, Louisa Gould, fue deportada al campo de concentración de Ravensbrück y asesinada en una cámara de gas por dar refugio a un fugitivo soviético llamado Fyodor Burriy, tras ser denunciada por sus vecinos. Pese a ello, John y Phyllis confiaban tanto en su soldado fugitivo que le permitían leerles cuentos a sus hijos y jugar con ellos, incluida su hija Dulcie.
"Nuestro querido tío Tom, lo queríamos muchísimo. Es mi principal recuerdo de la guerra, y su foto todavía está junto a mi cama", dijo Dulcie, que cumplirá 90 años en junio. "Pero aún me pregunto qué le sucedió después de la guerra".
Tras la liberación de las Islas del Canal en mayo de 1945, Tom, al igual que otros prisioneros de guerra soviéticos supervivientes, fue enviado de vuelta a la URSS. Mientras lo trasladaban a casa a través de Europa, llegaron a Jersey hasta tres cartas suyas, pero luego se instauró el silencio.
El estigma de los ex prisioneros en la URSS
Los ex prisioneros de guerra que regresaban a la Unión Soviética solían ser sometidos a controles e interrogatorios en los llamados campos de filtrado del NKVD, la policía secreta. Las autoridades soviéticas a menudo interpretaban su captura como una señal de posible deslealtad o colaboración con el enemigo. Muchos fueron tachados de poco fiables, enfrentaron obstáculos para encontrar trabajo y vivieron bajo constante sospecha. Algunos fueron condenados y enviados a campos de trabajo dentro de la URSS. Incluso después de la muerte de Stalin en 1953, el estigma no desapareció de la noche a la mañana.
Tom firmaba sus cartas como "Bokijon Akram", pero ni los Le Breton ni los historiadores de Jersey conocían su nombre completo ni su procedencia exacta. Un equipo de la BBC en ruso se unió a la búsqueda, consultando decenas de registros y cientos de variantes ortográficas. Según sus anotaciones, parecía tener unos 30 años cuando fue movilizado en 1941, había luchado y sido capturado en el territorio de la actual Ucrania, y podría tener orígenes en Asia Central. La búsqueda se redujo a una posible coincidencia: Bokejon Akramov, nacido en 1910 y movilizado desde Namangán, en lo que hoy es Uzbekistán.
Un registro indicaba que décadas después le habían otorgado la Orden de la Guerra Patriótica e incluía su domicilio. Un equipo de la BBC Uzbek viajó a Namangán y encontró a Shamsutdin Akhunbaev, nieto de Bokejon, quien preguntó sorprendido: "¿Cómo es que tienen fotos de mi abuelo? ¿De dónde las sacaron?". Según la familia, Bokejon rara vez hablaba de sus experiencias en la guerra, pero algo siempre les había intrigado: a pesar de ser claramente inteligente y capaz, le negaron repetidamente trabajos especializados y durante muchos años trabajó como jardinero en una fábrica. Ahora parece posible que su cautiverio también haya ensombrecido su vida laboral.
Reencuentro y reconocimiento
Bokejon Akramov falleció en 1996, tras una vida larga y feliz, según su familia. La BBC ayudó a organizar una videollamada entre sus descendientes en Uzbekistán y Dulcie Le Breton, quien aún vive en Jersey. Durante la conversación, Shamsutdin Akhunbaev expresó su gratitud: "Nuestro abuelo sobrevivió a la guerra y nos dio la vida solo gracias a ti. Te invitamos a Uzbekistán y siempre te recibiremos con los brazos abiertos en nuestra casa".
Dulcie Le Breton respondió: "Mis padres hicieron lo que hicieron simplemente porque era lo correcto. Y no fueron los únicos en Jersey que ayudaron a los soldados soviéticos. Hubo docenas de historias similares, y me gustaría mucho que la gente las conociera y las recordara todas". Tras conocer la historia, las autoridades de Uzbekistán decidieron otorgar póstumamente a John y Phyllis Le Breton la Orden de la Amistad, una de las más altas condecoraciones estatales, por su "valentía y compasión".










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