Hay debates que incomodan porque obligan a mirar resultados y no discursos. La posibilidad planteada por el ministro Luis Dyer de discutir, eventualmente, si Salud y Educación deben continuar bajo administración de los gobiernos regionales toca precisamente una de esas heridas. No existe todavía una propuesta formal ni un referéndum convocado. Pero la pregunta ya está sobre la mesa y Huánuco tiene razones suficientes para no esquivarla.
Durante años se nos dijo que descentralizar significaba acercar el Estado al ciudadano. La idea era correcta. El problema es que transferir competencias no garantizó automáticamente mejores hospitales, mejores escuelas ni mejores instituciones. En Huánuco, demasiadas veces la descentralización terminó acercando la burocracia, pero no necesariamente las soluciones.
Los números son difíciles de maquillar. El INCORE 2025 volvió a colocar a Huánuco en el puesto 21 de 25 regiones, exactamente la misma posición que ocupaba en 2016. Diez años después seguimos en el mismo lugar. Mientras Pasco pasó del puesto 22 al 14, Huánuco permaneció detenido. Eso no es una sensación ciudadana: es una década sin quiebre competitivo.
Las competencias no pueden convertirse en propiedad
Educación ofrece quizá el retrato más doloroso. Huánuco aparece en el puesto 20. Solo el 24% alcanza resultados satisfactorios en lectura y el 23% en matemáticas. La conclusión de secundaria cayó de 79.9% a 77%. Detrás de cada porcentaje hay escolares que avanzan de grado sin las herramientas suficientes para competir con jóvenes de otras regiones.
En Salud existe una mejora que sería injusto desconocer. Huánuco avanzó del puesto 20 al 15, aumentó la vacunación infantil y redujo anemia y desnutrición crónica. Pero seguimos teniendo apenas 0.67 camas hospitalarias por cada mil habitantes. Y basta escuchar las demandas alrededor del Hospital Hermilio Valdizán para entender que una mejora estadística todavía convive con enormes carencias cotidianas.
Por eso, Diario Ahora considera legítimo discutir quién debe administrar estos servicios. Ningún nivel de gobierno puede tratar una competencia como territorio propio. Salud y Educación pertenecen a la ciudadanía, no a ministerios, gobernadores, sindicatos ni funcionarios. La única pregunta válida es qué modelo ofrece mejores posibilidades de atención, aprendizaje, infraestructura, presupuesto y control.
Tampoco basta con devolver todo a Lima
Sería igualmente ingenuo creer que centralizar resolverá por arte de magia problemas acumulados durante años. Cambiar el membrete de una oficina no cambia la calidad del Estado. Si la discusión termina únicamente en quitar competencias a los gobiernos regionales para entregarlas a ministerios igualmente lentos, el ciudadano habrá asistido a otra disputa burocrática mientras continúa esperando una cita médica o una escuela digna.
Un referéndum, si algún día llega a formularse, tendría sentido únicamente después de presentar información clara: qué funcionó, qué fracasó, cuánto costaría modificar el modelo y quién respondería por los resultados. No puede convertirse en una salida política improvisada.
Huánuco necesita algo más profundo que defender la descentralización por costumbre. Necesita exigir resultados. Después de diez años en el puesto 21, mantener intacto aquello que no funciona también es una decisión. Y es probablemente la más cara de todas: porque la factura la siguen pagando nuestros niños, nuestros pacientes y una región que continúa esperando despegar.










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