Una rendición de cuentas no se llora: se mide. Por eso la última audiencia pública de Antonio Pulgar dejó en Huánuco una sensación incómoda. El gobernador se emocionó y habló de sueños y de cosas que no se lograron. Cuando le preguntaron cuántas de sus promesas de campaña había cumplido, respondió que eso no le correspondía medirlo. A él quizá no. A los huanuqueños, sí.
Porque los números existen y no dependen del ánimo de nadie. Al 26 de setiembre, el Gobierno Regional había gastado S/205,9 millones de los S/453,8 millones que tiene para obras: cuatro soles y medio de cada diez. El promedio de los gobiernos regionales del país ya va en seis. Detrás de esa cifra no hay abstracciones. Hay carreteras que esperan, puentes que se prometen para «el próximo mes» y centros de salud que siguen en planos.
Quedan 96 días de año fiscal. Para llegar al 95 %, el Gobierno Regional tendría que gastar unos S/71 millones cada mes, más del triple de lo que gastó en promedio entre enero y agosto. Se dirá que el dinero ya está comprometido y que el año pasado se cerró con 96 %. Es cierto. Pero también importa cómo se llegó a esa cifra: casi seis de cada diez soles se gastaron entre setiembre y diciembre, y solo en diciembre se fueron S/114 millones. Eso no es planificación. Es una carrera contra el calendario, y en las carreras de fin de año las obras suelen salir más caras, más apuradas y peor supervisadas.
El malecón Walker Soberón es el mejor ejemplo de lo que cuesta hacer las cosas a destiempo. Su expediente de 2022 fijaba unos S/11,9 millones; después de diez reformulaciones, superaba los S/51 millones. El gobernador lo atribuyó a muros y enrocados que no se habían previsto. Puede ser. Pero ese dinero sale del bolsillo de todos, y cada sol que se va en corregir un mal expediente deja de llegar a otra comunidad.
En Diario Ahora no creemos que gobernar sea fácil ni desconocemos lo que se hizo. Hay inversiones productivas en papa nativa, café y ganado que el gobernador enumeró con orgullo y que merecen evaluarse con seriedad. Pero una gestión no se juzga por lo que anuncia en el escenario, sino por lo que termina y entrega. Y a tres meses del cierre, más de la mitad del presupuesto de obras sigue sin convertirse en obra.
Pedimos al Gobierno Regional algo sencillo: que publique cada mes, obra por obra, cuánto avanzó y cuánto gastó, y que no convierta diciembre en una feria de pagos apresurados. A los electores les pedimos que el 4 de octubre, con un hermano y dos hijos del gobernador en la cédula, midan con la misma vara que él se negó a usar. No se trata de apellidos, sino de resultados.
Las emociones se respetan. Pero Huánuco necesita cuentas claras, no despedidas conmovedoras.










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