Gobernar no consiste únicamente en inaugurar obras, exhibir cifras o proclamar que una gestión es “histórica” solamente por comprar maquinarias, fierro y cemento. ¿Qué impacto ha tenido la gestión regional el departamento de Huánuco? Solo veamos los índices de competitividad regional donde Huánuco sigue en los últimos puestos de desarrollo… Por otro lado, una gestión que no es capaz de cumplir sus promesas, debe de explicar decisiones incómodas y asumir públicamente las contradicciones cuando aparecen, y que en este caso son muchas. En Huánuco, la controversia surgida después de la reunión con la delegación de Llata plantea precisamente ese problema: la distancia que puede abrirse entre el discurso de una autoridad y aquello que los ciudadanos pueden comprobar.
Antonio Pulgar sostuvo posteriormente que había anticipado su retiro porque debía participar en otra reunión en la Presidencia del Consejo de Ministros. Lo comprobable es que dejó la mesa mientras continuaba la discusión sobre el expediente del saldo de obra del Estadio Colón, uno de los principales reclamos de la delegación de Huamalíes. La reunión prosiguió con funcionarios y equipos técnicos.
Ese episodio podría parecer menor si ocurriera aisladamente. No lo es cuando se suma a una cadena de plazos que se modifican y compromisos que siguen pendientes de convertirse en documentos. Para el Estadio Colón se había comunicado que la resolución sería emitida, como máximo, el viernes 18 de septiembre. Durante la reunión aparecieron nuevas referencias temporales: lunes, inmediatamente, “lo antes posible”, “en unos días”. Cuando una fecha oficial empieza a desplazarse de esa manera, el problema deja de ser semántico. Se convierte en confianza pública.
También merece atención el lenguaje utilizado frente a quienes reclaman. Pulgar declaró que no volvería a atender directamente al Frente de Defensa de Llata mientras sus dirigentes no ofrecieran disculpas y agregó que podían realizar “las marchas que quieran”. El Frente, por su parte, sostuvo que había suspendido una movilización para acudir a Huánuco y discutir sus demandas.
Una autoridad puede sentirse agraviada. Puede cuestionar las formas de una organización social y exigir respeto. Pero el funcionamiento del Estado no puede confundirse con las relaciones personales. Una obra pública, un expediente técnico o una obligación administrativa no desaparecen porque una reunión termine mal. Los ciudadanos tampoco deberían necesitar simpatizar con una autoridad para obtener respuestas verificables.
Por eso las afirmaciones sobre una gestión “histórica” deben pasar por el mismo filtro que cualquier otra declaración política: los hechos. La administración regional tiene derecho a mostrar aquello que considera sus logros. El periodismo tiene la obligación de contrastarlos con obras terminadas, servicios funcionando, presupuestos ejecutados, compromisos cumplidos y problemas todavía pendientes. Esa comparación es mucho más útil que cualquier calificativo.
Huánuco no necesita gobernantes rodeados de aplausos ni ciudadanos obligados a aceptar relatos oficiales. Necesita autoridades capaces de someter sus palabras a la evidencia.
Y ahí está el verdadero desafío para cualquier gestión que quiera llamarse histórica: no decirlo. Demostrarlo.









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