La situación de Arsen Zakharyan empieza a adquirir tintes dramáticos en el entorno txuri urdin. El mediapunta ruso, que desembarcó en Donostia con la vitola de ser una de las grandes promesas del fútbol continental, continúa sumido en un ostracismo alarmante que ha comenzado a agotar la paciencia de la afición de Anoeta. La expectación generada en su fichaje se ha diluido con el paso de los años, dejando paso a una sensación de desconexión que amenaza con estancar su progresión en el club.
Números desoladores
Los números del atacante en la presente campaña resultan desoladores para un futbolista de su teórico nivel. Zakharyan apenas contabiliza tres testimoniales minutos sobre el césped, registrados en la jornada inaugural frente al Real Betis, y enlaza ya cuatro suplencias consecutivas viendo los partidos íntegramente desde el banquillo.
El gesto que complicó su estatus
Para colmo de males, el feo gesto que le dedicó a Pellegrino Matarazzo tras no disfrutar de minutos ante el Espanyol sigue muy fresco en la memoria del cuerpo técnico, agravando su estatus dentro del grupo. Desde la distancia, el internacional ruso contempla cómo la competencia en la segunda línea le arrebata el sitio sin contemplaciones.
Competencia y mensaje del técnico
Futbolistas como Luka Sucic o los extremos del filial le han adelantado por la derecha en la rotación gracias a su impacto inmediato. Matarazzo ha enviado un mensaje nítido a la caseta: el compromiso, la intensidad y la disciplina táctica cotizan por encima del talento teórico. Sin esa dosis de rebeldía positiva sobre el verde, el talentoso jugador ruso corre el riesgo de convertirse en un actor totalmente secundario.










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