Dejar el cargador del móvil o del portátil siempre enchufado es un gesto habitual, pero los expertos advierten que no es la opción más segura. En temporada de tormentas, como las pronosticadas por la Aemet, el riesgo aumenta. Tres razones explican por qué conviene desconectarlo.
Riesgo de sobretensiones por rayos
La primera razón es la protección ante sobretensiones. No es necesario que un rayo caiga directamente sobre la vivienda: basta con que impacte cerca para que la subida de tensión se propague por la instalación eléctrica y dañe los aparatos conectados. La solución, según los especialistas, es contar con un sistema de protección específico instalado en el cuadro eléctrico.
En Alemania, desde el 14 de diciembre de 2018, toda instalación nueva debe incluir protección contra sobretensiones según las normas DIN VDE 0100-443 y 0100-534. En España, en cambio, no existe una obligación general: su instalación depende de un análisis de riesgos previo y el borrador del nuevo Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, que busca generalizarla, aún no se ha aprobado ni publicado en el BOE.
Por ello, la recomendación de los expertos sigue siendo la misma ante una tormenta fuerte: desenchufar los aparatos de la toma de corriente. Las sobretensiones no solo viajan por los cables eléctricos, sino también por el cable de red (Ethernet) y el de la antena, por lo que lo más seguro sería desconectarlos también.
Consumo fantasma: poco pero evitable
La segunda razón es el consumo residual. Un cargador sin nada conectado gasta muy poca energía, pero no cero. Según mediciones citadas, ninguno de los cargadores probados supera los 0,1 W en vacío, lo que equivale a 0,88 kWh al año si está enchufado las 24 horas. Al precio medio del PVPC en lo que va de 2026 (0,137 euros por kWh), el gasto anual es de unos doce céntimos por cargador.
Aunque la cifra individual es mínima, multiplicada por millones de hogares y dispositivos conectados representa un desperdicio energético considerable y fácilmente evitable.
El riesgo de los cargadores de baja calidad
La tercera razón, menos mencionada, es la calidad del propio cargador. Un cargador barato sin certificaciones de seguridad puede sobrecalentarse o provocar un cortocircuito. Dejarlo conectado de forma ininterrumpida aumenta las probabilidades de que ocurra un fallo.
Un análisis de la OCU, junto a otras asociaciones europeas de consumidores y coordinado por la red ICRT, evaluó 162 productos comprados en Temu y Shein: 112 incumplían la normativa europea y uno de cada cuatro resultó potencialmente peligroso. Los cargadores fueron los peor valorados: de 54 adaptadores USB analizados, solo 2 cumplían los requisitos eléctricos de la Unión Europea y 14 suspendieron por sobrecalentamiento excesivo, lo que puede dañar el aislamiento interno si la carcasa se deforma.
Para saber si un cargador es seguro, la regla es sencilla: no debería calentarse de forma perceptible cuando está en reposo. Si al tocarlo se nota más caliente de lo normal, es mejor reemplazarlo.
Fuente: Xataka








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