El presidente de la Cámara de Comercio de los Pueblos Indígenas del Perú, Jempegti Shuar, publicó un artículo de opinión en el que cuestiona qué significa ser indígena en la actualidad y sostiene que el indígena amazónico ha sido tratado históricamente como objeto de estudio antes que como ciudadano.
Según el autor, la antropología de los años 60 tipificó al indígena amazónico como un "objeto de estudio". Señala que en los escritos y publicaciones de esa disciplina abundan las preguntas sobre qué comen, cómo comen, las relaciones de parentesco, los cantos, la guerra y el vínculo con el bosque, mientras difícilmente aparecen interrogantes sobre si también son peruanos o si son parte de la historia.
La mirada de la Iglesia y el empresariado
El texto sostiene que, mientras la antropología estudiaba y describía al indígena amazónico desde una posición distante, la Iglesia católica procuró conquistarlo desde las trincheras y los misioneros "entraron a la cancha" a extirpar sus idolatrías. Aunque en la Amazonía no existe una "conquista" cristiana como tal, el autor afirma que el mensaje ha calado pero no ha llegado a ser universal en casi todas las comunidades y grupos étnicos.
Respecto al empresariado, Shuar indica que ha intentado obtener del nativo sus recursos y su mano de obra: en el pasado el caucho, las pieles, el petróleo y la madera; hoy el oro y, últimamente, los bonos de carbono y los servicios ambientales. Agrega que jamás ha pensado en construir un modelo exitoso de ganar-ganar en la Amazonía, a excepción de algunas experiencias contemporáneas.
Estado, anemia y migración juvenil
Sobre el Estado, el autor afirma que se asemeja a una batalla perdida y califica de extremadamente alarmante la corrupción de las autoridades municipales allí donde viven las comunidades. Sostiene que el indígena amazónico es en la actualidad un mendigo de la asistencia pública, no contactado por sus escuelas, su agua potable ni su electrificación, y lo describe como un pordiosero milenario que grita en medio de un desierto de obras inconclusas y promesas no cumplidas.
El artículo también advierte que cada día cientos de jóvenes emigran hacia las zonas urbanas en búsqueda de trabajo, y que la anemia y la desnutrición arrecian, especialmente entre los niños y los adultos mayores. Menciona además la falta de oportunidades de los jóvenes egresados de universidades e institutos.
Shuar señala que los campos agrícolas de la costa peruana son hoy un bastión de esos "neo indígenas": shipibos postmodernos, awajúnes reguetoneros y matsés tiktokeros de barrios chinos de ciudades como Ica, Cañete, Trujillo, Lambayeque y Piura.
Preguntas sobre representación y liderazgo
El autor cierra con una serie de interrogantes sobre la identidad indígena actual: si el indígena es ese objeto de análisis de los antropólogos de los años 60, si es ese depósito de riqueza y abusos del empresariado, o si ser indígena es ser comodín de los fondos internacionales y hablar de autonomía sin ser autónomo. También cuestiona la ética en el liderazgo y pregunta de qué manera conciliar la tradición con la modernidad.
Finalmente, sostiene que la antropología estudió al indígena con minuciosidad pero no tendió puentes ni generó ciudadanía, y que ningún indio de la floresta ha sido verdaderamente ciudadano salvo para la radiografía intelectual y solitaria.









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