El reciente terremoto del 10 de agosto en Colombia, ocurrido apenas dos días antes de esta publicación, y el del 24 de junio en Venezuela, han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de que el Perú se prepare ante la eventualidad de un sismo de gran magnitud. Según reportes citados en una columna de opinión de Página 3, el sismólogo César Jiménez Tintaya, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, señaló que los últimos terremotos que han golpeado la región central del país apenas han liberado un 20% de la energía acumulada, lo que podría derivar en un movimiento telúrico superior a 8.0.
La advertencia cobra relevancia porque las simulaciones de terremotos de magnitud 8.0 o más, realizadas en Perú, señalan que podrían afectar a millones de personas. Lima, Piura e Ica son las regiones que sufrirían el mayor impacto de tales sismos, según los escenarios modelados.
El silencio sísmico y la energía acumulada
El concepto de silencio sísmico, mencionado desde hace años por especialistas, se refiere a la acumulación de energía en una falla o zona de subducción sin que se libere mediante sismos de magnitud considerable. En el caso del Perú, la preocupación radica en que los terremotos recientes en la zona central no han sido suficientes para liberar toda la energía almacenada.
Jiménez Tintaya, citado en reportes difundidos ayer, precisó que la liberación del 20% de la energía acumulada implica que un sismo muy fuerte, de magnitud superior a 8.0, podría ocurrir en cualquier momento. Aunque es imposible predecir los sismos con exactitud, los expertos coinciden en que esa energía debe liberarse tarde o temprano, y que mientras más tiempo pase, mayor podría ser el impacto.
Riesgo de tsunami y vulnerabilidad de las edificaciones
El riesgo no se limita al movimiento telúrico. Al terremoto podría seguir un tsunami que afectaría dramáticamente a la población costera del país. Esta posibilidad eleva la urgencia de contar con planes de evacuación y sistemas de alerta temprana efectivos.
La vulnerabilidad del Perú ante un sismo de gran magnitud se ve incrementada por la antigüedad y la mala calidad de la mayoría de las edificaciones, incluidas las construidas en años más recientes. En caso de un terremoto, se estima que cientos o miles de edificios colapsarían, entre ellos escuelas, hospitales, iglesias y una cantidad inimaginable de viviendas, lo que sumaría víctimas fatales y heridos a la cifra ya elevada.
La necesidad de una cultura de prevención
El Perú se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona de alta actividad sísmica, por lo que los terremotos no son un fenómeno inesperado. Sin embargo, la respuesta de la población y de algunas autoridades suele ser reactiva: se habla de prevención tras un desastre, pero el interés se desvanece con el tiempo.
La recurrencia de inundaciones y otros desastres naturales en el país evidencia la falta de una cultura de prevención sostenida. No se trata de evitar los sismos, sino de mitigar sus efectos mediante la construcción de infraestructura resistente, la implementación de planes multisectoriales de protección civil y la educación continua de la población.
Mientras tanto, según la columna de opinión, la cifra de víctimas en Venezuela, con más de 6,125 muertos y 20,000 desaparecidos tras el doble terremoto, y en Colombia, con más de 250 fallecidos, recuerda la magnitud de la amenaza. Cabe señalar que estas cifras provienen de la columna y no han sido contrastadas con informes oficiales. El Perú aún está a tiempo de prepararse, pero la ventana de oportunidad podría cerrarse con un sismo que, según los especialistas, es inevitable.










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