El Grito del Pillkumasikuna volvió a ocupar la Plaza Mayor de Huánuco con cerca de 500 estudiantes y delegaciones de diez instituciones educativas. La conmemoración alcanzó 27 años de continuidad con una escena que volvió a resumir su principal fortaleza y, a la vez, su mayor deuda: el esfuerzo de alumnos, docentes y familias hizo posible la jornada, pero el respaldo de las instituciones públicas continuó siendo inestable.
La actividad recordó la participación de los pueblos en la Revolución de Huánuco, Panatahuas y Huamalíes de 1812. Escoltas y elencos escolares llegaron desde Huaracalla, Conchamarca, Colpa Alta, Llanquipampa, Quera y otras localidades para participar en los actos conmemorativos y en la representación histórica.
Yusi Ruiz Berrospi, docente de la institución educativa Marcos Durán Martel y promotor de la escenificación, informó que fueron convocados doce colegios y diez asistieron. Explicó que la dispersión de los alumnos en la plaza y el arribo tardío de algunas delegaciones procedentes de comunidades lejanas pudieron producir la impresión de una convocatoria menor.
“Hemos invitado a 12, 10 están presentes acá”, precisó. Algunas delegaciones participaron con sus escoltas y otras asumieron pasajes de la representación teatral. El número total de escolares bordeó los 500, según el organizador.
Traslados costeados por familias y docentes
El despliegue no dependió de un financiamiento público regular. Ruiz señaló que los padres de familia y los profesores de cada plantel se organizaron para pagar el traslado de los estudiantes desde las zonas más alejadas. Alumnos, exalumnos y colaboradores también aportaron para cubrir otras necesidades de la jornada.
La delegación de Huaracalla llevó cancha tostada para compartir con los asistentes. Para el docente, ese gesto expresó el sentido comunitario de la actividad y evocó la unión de los pueblos que participaron en la rebelión de 1812.
Ruiz sostuvo que la actividad se fortalece gracias a la solidaridad y la voluntad de los padres de familia, profesores, alumnos y exalumnos. Describió la perseverancia, el sacrificio, el liderazgo y la solidaridad como los cuatro valores que han permitido mantener la conmemoración durante casi tres décadas.
El promotor aclaró que el apoyo no ha sido idéntico todos los años. En algunas ediciones la municipalidad brindó colaboración; en otras, los organizadores tuvieron que conseguir los recursos por su cuenta. Por ello, el problema no es una ausencia absoluta de ayuda, sino la falta de una programación estable que evite empezar cada año con una nueva búsqueda de transporte, alimentación y logística.
Reconocimiento en el papel, ausencia en la plaza
Ruiz afirmó que existen resoluciones municipales, ordenanzas regionales y disposiciones educativas que reconocen o promueven la actividad. Sin embargo, cuestionó que esas normas no se traduzcan en una planificación anual ni en una participación sostenida de las entidades responsables.
Durante la jornada, el docente reclamó la ausencia de representantes del Gobierno Regional de Huánuco, la Dirección Regional de Educación, las unidades de gestión educativa local y la Municipalidad Provincial de Huánuco. “Son 27 años que no ha sido fácil llegar acá”, manifestó, antes de insistir en que la ausencia de las principales autoridades se repite.
La observación adquiere mayor peso porque la conmemoración se realizó pocos días después de que la municipalidad declarara improcedente un pedido destinado a institucionalizarla mediante ordenanza y asignarle S/12 100, bajo el argumento de que el gasto no estaba previsto en su Plan Operativo Institucional. La actividad siguió adelante con el respaldo de la comunidad educativa y el acompañamiento anunciado por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán.
El resultado de esta edición demuestra que el Pillkumasikuna conserva capacidad de convocatoria: diez colegios y unos 500 estudiantes llegaron a la plaza pese a las distancias y a la ausencia de un presupuesto regular. Pero también deja una pregunta concreta para las autoridades: si los reconocimientos existentes serán incorporados a sus próximos planes de trabajo, con responsabilidades y recursos definidos, o si la conmemoración volverá a depender únicamente de la voluntad de las familias y los docentes.
Veintisiete años después de su recuperación como acto público de memoria, el Pillkumasikuna no solo volvió a representar la gesta de 1812. También mostró quiénes la sostienen en el presente.










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