La construcción del Malecón Higueras ha dejado de ser una promesa de desarrollo urbano para convertirse en un foco de desorden e incertidumbre técnica. Ante la parálisis de los trabajos y la ausencia de vigilancia, la plataforma de la obra es utilizada hoy como una cochera pública, una situación que amenaza la integridad de las redes de saneamiento instaladas en el subsuelo antes de su inauguración oficial.
El pasado domingo, se constató la presencia de más de veinte vehículos estacionados a lo largo de la vía en construcción. El uso de esta infraestructura como zona de aparcamiento no regulado ha encendido las alarmas entre los residentes del sector, quienes advierten que el peso de las unidades motorizadas podría comprometer las redes de agua y desagüe administradas por Seda Huánuco, cuyo diseño no contempla este tipo de carga en el actual estado de la obra.
Pese a la evidencia del uso indebido del espacio público, la gestión del alcalde Antonio Jara no ha emitido ninguna ordenanza municipal ni directiva técnica que restrinja el paso de vehículos de alto tonelaje. Esta omisión administrativa no solo permite el deterioro prematuro de la inversión, sino que deja en la indefensión un proyecto que ya arrastra cuestionamientos por la lentitud en su ejecución y la falta de transparencia en sus plazos.
Obstáculos a la fiscalización y silencio político
La crisis en el Malecón Higueras también revela una preocupante fractura en los mecanismos de control. Recientemente, la consejera regional por Huánuco, Candy Vargas, reportó dificultades y bloqueos para realizar inspecciones técnicas en la zona. Esta resistencia a la fiscalización coincide con un hermetismo inusual en el cuerpo de regidores, cuya labor de vigilancia parece haberse diluido frente a los constantes retrasos reportados por la ciudadanía.
Hasta la fecha, el alcalde Antonio Jara ha evitado brindar un informe detallado sobre el estado real de los trabajos o establecer una fecha tentativa para la entrega de la obra. La ausencia de inspecciones técnicas públicas y la falta de respuestas a las solicitudes de información de los fiscalizadores regionales profundizan la sensación de desgobierno sobre un proyecto que, en teoría, debería mejorar la conectividad y el perfil urbano de la provincia.
Un proyecto sin horizonte ni control institucional
La problemática se agrava ante la inacción de los organismos supervisores nacionales. La Contraloría General de la República no ha intervenido de oficio frente a los retrasos acumulados ni ante la vulneración de la seguridad de la obra. Sin un control concurrente efectivo, el riesgo de que la infraestructura requiera reparaciones costosas antes de ser entregada es cada vez más alto, lo que supondría un perjuicio económico directo para las arcas municipales.
Mientras los vehículos continúan ocupando el asfalto inacabado y los vecinos aguardan soluciones, el Malecón Higueras se mantiene como el símbolo de una gestión que no logra transitar del anuncio a la ejecución eficiente. La pregunta que queda suspendida entre los residentes no es solo cuándo se terminará la obra, sino ¿en qué condiciones técnicas llegará al día de su inauguración si el deterioro actual no se detiene de inmediato?










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