Huánuco vuelve a enfrentar una crisis de agua potable que no es nueva ni imprevista. Durante seis días, familias de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca han padecido una restricción que afecta la salud, la higiene, los negocios, los colegios y los hogares, debido al colapso en el canal que transporta el recurso desde Canchán hasta Cabritopampa.
Una década de advertencias desatendidas
El problema no es reciente. En 2016, este mismo diario publicó en portada "Huánuco otra vez sin agua". Diez años después, la ciudad carga baldes nuevamente por una infraestructura deficiente y la falta de un plan de contingencia efectivo. Vecinos de Pucuchinche habían advertido filtraciones y nuevos puntos vulnerables en el canal. Si Seda Huánuco conocía esos riesgos y no actuó, la crisis trasciende lo técnico para convertirse en responsabilidad institucional.
Mientras el servicio falla, el recibo de cobro llega puntual. Esa paradoja alimenta la indignación ciudadana: se paga por un suministro que no se recibe. La población no debería asumir el costo de la improvisación de la empresa prestadora, la pasividad del Organismo Técnico de la Administración de los Servicios de Saneamiento (OTASS) ni el silencio de las autoridades municipales y regionales.
Movilización y hartazgo ciudadano
La marcha convocada en la Plaza de Armas expresó más que una reacción momentánea. Reflejó el cansancio acumulado de una ciudad que entendió que exigir agua no es pedir un favor, sino reclamar un derecho básico que ninguna empresa pública, funcionario designado o autoridad electa puede tratar como asunto secundario. Los alcaldes de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca, así como el gobernador regional, están en la mira ciudadana.
La reparación del canal es apenas el primer paso. Huánuco requiere una auditoría técnica completa de la infraestructura, un cronograma público de mantenimiento, distribución transparente de cisternas y responsables con nombre propio. Sin estas medidas, el próximo colapso no será una posibilidad: será una repetición anunciada. Después de diez años, la pregunta sigue en pie: ¿cuántas crisis más deben atravesar los huanuqueños para que el acceso al agua deje de tratarse como un asunto postergable?









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