Una botella abandonada puede terminar en un botadero o convertirse en un vaso con identidad huanuqueña. Esa es la apuesta de Hope in Glass, un emprendimiento local que transforma botellas de vidrio en productos utilitarios y decorativos, con un enfoque en reciclaje, diseño y conciencia ambiental. Su gerente, Sergio Caldas Coz, explicó que el proyecto nació de una tesis de ingeniería ambiental y hoy busca demostrar que emprender también puede contribuir a una ciudad más limpia.
Caldas señaló que el nombre de la empresa significa “Esperanza en vidrio” y está vinculado al segundo nombre de su madre. Según contó, la idea fue transmitir en cada producto la esperanza de cambiar hábitos de consumo y dejar un entorno mejor para las futuras generaciones. En ese sentido, el vidrio dejó de ser un residuo para convertirse en soporte de un mensaje ambiental y cultural.
El proceso no consiste en reutilizar una botella con el mismo fin, sino en transformarla en un nuevo producto. Caldas explicó que, cuando una botella cambia de forma y función para convertirse en vaso, ya se habla de reciclaje. Esa diferencia, sostuvo, es importante porque permite entender que el residuo puede adquirir nuevo valor si pasa por un proceso adecuado.
El reciclaje empieza antes del taller
El emprendimiento trabaja con botellas entregadas por restaurantes, bares, ciudadanos y recicladores formalizados. Caldas indicó que, al inicio, varias personas llamaban para donar envases, mientras que algunos establecimientos separaban sus botellas para que la empresa pudiera recogerlas. También señaló que, cuando necesitaban formatos específicos, acudían a recicladores que ya tenían envases limpios y seleccionados.
La segregación es una parte clave del proceso. El emprendedor pidió que las personas enjuaguen las botellas, las coloquen en cajas o espacios seguros y eviten mezclarlas con residuos que puedan contaminar el material o poner en riesgo a quienes lo manipulan. Recordó que los trabajadores municipales y recicladores suelen exponerse a cortes, suciedad y malos tratos cuando la basura no se separa correctamente.
El emprendimiento también cuida el tipo de insumos que utiliza. Para retirar estampados de algunas botellas, Caldas afirmó que emplean productos naturales, como ácidos de origen acético, en lugar de químicos más agresivos. Según dijo, usar sustancias más fuertes podría facilitar el proceso, pero afectaría al personal y al ambiente, contradiciendo el propósito del proyecto.
Diseño, identidad y advertencia ambiental
Hope in Glass no solo vende vasos. También incorpora diseños vinculados a Huánuco, como edificaciones históricas, el puente Calicanto, iglesias y otros elementos de identidad local. Caldas explicó que la idea es que una persona pueda llevarse un producto útil y, al mismo tiempo, una referencia cultural de la ciudad.
El emprendimiento también realiza diseños personalizados para empresas que buscan obsequios sostenibles. En ese campo, Caldas señaló que el diseño permite que el reciclaje sea más atractivo para el consumidor. El objetivo es que el producto no sea comprado solo por conciencia ambiental, sino también por calidad, estética e identidad.
Durante la entrevista, el emprendedor advirtió sobre el riesgo del “greenwashing” o falso marketing verde. Sostuvo que algunas empresas se presentan como sostenibles sin modificar realmente sus procesos. También cuestionó modelos que importan productos supuestamente ecoamigables desde largas distancias, porque el traslado puede generar una huella de carbono alta.
Caldas reconoció que emprender no es sencillo. Dijo que un proyecto requiere tiempo, inversión, perseverancia y, muchas veces, ingresos externos para sostenerse en sus primeras etapas. Sin embargo, sostuvo que quienes tienen una idea deben perder el miedo a vender, explicar su producto y defender su propuesta.
El mensaje final del emprendimiento apunta a la ciudad. Para Hope in Glass, reciclar no depende solo de una empresa, sino de ciudadanos que separan residuos, trabajadores que recolectan, negocios que entregan envases limpios y consumidores que valoran productos sostenibles. En una ciudad que busca verse más limpia y ordenada, una botella bien separada puede ser el inicio de un cambio pequeño, pero visible.








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