Georgina Marisol Cruz Morales era, según su madre, una bebé que lactaba, veía, escuchaba, movía la cabeza y reaccionaba como cualquier niña de su edad. Hoy, con 8 meses, permanece postrada, alimentada por sonda y en estado vegetativo, tras una cirugía cerebral realizada en el Hospital del Niño de Lima. Margarita Morales Martel denuncia que la menor salió de sala con daño cerebral severo y exige saber qué ocurrió durante la operación: “¿Dónde está lo que era normalmente su cerebro? ¿Dónde?”.
Morales sostuvo que la menor fue llevada inicialmente desde Huánuco por un diagnóstico relacionado con laringomalacia, pero que en Lima le indicaron otro cuadro y luego le recetaron Lebercetán, medicamento que —según su versión— antecedió a las convulsiones más severas. “No le hicieron ni un examen, nada”, afirmó la madre, quien señaló al doctor Ramos como el primer médico que recetó el jarabe.
La madre afirmó que su hija no registraba convulsiones antes de recibir el medicamento. Según Morales, el doctor Ramos le indicó un jarabe que ella mencionó como Lebercetán o Evercetán, que correspondería a levetiracetam, usado en cuadros convulsivos. “Mi bebé convulsiona por primera vez” después de tomarlo, sostuvo la denunciante, quien aseguró que advirtió a los médicos que la niña “se ponía tensa” tras cada dosis.
La madre aseguró que la cirugía fue realizada el 28 de noviembre, a las 2 de la tarde, en el Hospital del Niño. Según su relato, el neurocirujano Cañari le indicó que la operación buscaba retirar una zona del cerebro vinculada a las convulsiones. “Tranquila, todo va a salir bien”, dijo Morales que le manifestó el médico antes del procedimiento.
“Quiero saber dónde está su cerebro”
La parte más grave del testimonio aparece cuando Morales describe el estado actual de la niña. “La doctora me dijo que en la parte de su cabecita de mi hija faltan restos de adentro. Yo no sé dónde está”, sostuvo. Luego agregó: “Quiero saber dónde están los restos de su cabeza de mi hija. ¿Por qué mi hija está solo con un pedacito nadando dentro de un líquido?”.
Morales afirmó que cuenta con resonancias previas para demostrar cómo estaba la menor antes de la operación. “Yo tengo la resonancia para probar cómo era mi bebé. Así no era mi bebé”, declaró. Según su testimonio, la niña movía la cabeza, las piernas, lactaba, lloraba, veía dibujos y respondía a sonidos antes de la intervención.
La madre también sostuvo que, tras la operación, la menor salió “llena de sangre” y con la cabeza visiblemente afectada. “Baja mi bebé, una cabeza grande, lleno de sangre, llenito de sangre. Todo era sangre y un cuerpo pequeño”, relató. Según Morales, luego le informaron que la bebé había sufrido un paro que le ocasionó daño cerebral.
Señala a cuatro médicos y pide investigación
Morales atribuyó responsabilidad al neurocirujano Cañari, al doctor Montiel y a un anestesiólogo cuyo nombre —según afirmó— nunca le fue entregado. “Los tres médicos saben qué ha sucedido con mi hija. Necesito una explicación”, declaró. También sostuvo que el doctor Cañari le habría dicho que “falló el anestesiólogo”, versión que deberá ser verificada por las autoridades competentes.
La madre pidió que se investigue lo ocurrido dentro de la sala de operaciones y cuestionó que no existan cámaras en ese ambiente. “¿Por qué donde están los padres sí hay cámaras y dentro de la sala no hay cámaras?”, preguntó. También aseguró que los documentos de la operación no aparecen en el archivo hospitalario, afirmación que requiere contrastación oficial.
Georgina permanece internada en Huánuco, según Morales, en UCI Pediatría del hospital Hermilio Valdizán. La madre afirmó que la menor continúa convulsionando y que recibe alimentación por sonda. “Mi hija está postrada. No ve, no escucha, no mama”, dijo. El caso queda abierto a la respuesta del Hospital del Niño, del personal señalado y de las autoridades de salud que deberán determinar qué ocurrió durante la cirugía.










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