Más de 130 árboles, una obra de S/ 26 millones y redes de agua y desagüe con más de 60 años han situado a la Alameda de la República en el centro del debate urbano más intenso de Huánuco. Tras las advertencias de sectores que temen un colapso ambiental por la tala prevista, el presidente de la Junta Vecinal Alameda de la República, Roberto Refulio, defendió el proyecto y afirmó que la intervención no busca borrar la memoria del lugar, sino recuperar una zona deteriorada.
Refulio respondió a las críticas señalando que el proyecto no es una improvisación. Según indicó, la obra comenzó a gestionarse en 2024, mediante un convenio entre el Gobierno Regional de Huánuco y la Municipalidad Provincial de Huánuco, y pasó por sesión de concejo, términos de referencia, licitación pública y adjudicación en segunda convocatoria, luego de que la primera quedara desierta por falta de postores.
El dirigente sostuvo que la obra fue adjudicada al Consorcio Alameda Arquitectos Ingenieros SAC y que contempla el tramo desde el Malecón hasta Real Plaza. Según explicó, la propuesta incluye cuatro carriles —dos de subida y dos de bajada—, una franja central verde y la recuperación de elementos históricos vinculados a la Alameda.
El punto más sensible sigue siendo la tala. Refulio afirmó que estudios ambientales habrían identificado que cerca del 40 % de los más de 420 árboles existentes ya cumplió su ciclo de vida. Bajo ese cálculo, alrededor de 130 ejemplares tendrían que ser retirados y reemplazados.
Frente a quienes advierten un daño ambiental, el presidente vecinal sostuvo que no se plantea eliminar la arboleda vigente ni desaparecer la Alameda. Según su versión, el proyecto incorporaría unos 2.400 nuevos árboles y ampliaría el área verde, aunque ese punto deberá ser explicado técnicamente ante la población para despejar dudas sobre especies, ubicación, mantenimiento y plazos de reposición.
Refulio también vinculó el deterioro de los árboles con un problema subterráneo: raíces que habrían levantado veredas y afectado tuberías antiguas. Según dijo, los vecinos viven sobre redes de agua y desagüe de cemento asbesto, con más de seis décadas de antigüedad, que colapsan en temporada de lluvias y generan salida de aguas servidas a la vía pública.
El dirigente citó como ejemplo la piscina Johnny Bello, que según afirmó dejó de funcionar como servicio público porque sus procesos de evacuación agravaban la colmatación de las redes. Para Refulio, ese problema explica por qué la discusión no debería reducirse a “talar o no talar”, sino a definir si Huánuco seguirá postergando una renovación urbana de fondo.
La Junta Vecinal también puso sobre la mesa el desorden de la feria sabatina. Refulio recordó que nació hace 25 años para acercar productos agrícolas bajo la lógica de “De la chacra a la olla”, pero sostuvo que hoy se ha extendido con venta de ropa usada, cachina, zapatillas y comercio ambulatorio ajeno a su origen.
Según el dirigente, los agricultores deberían mantener un espacio de venta, pero bajo una nueva ubicación definida por la autoridad municipal. Su argumento es que la Alameda, puerta de ingreso para quienes llegan desde el aeropuerto, no puede seguir mostrando una imagen deteriorada, con veredas dañadas, redes colapsadas y un uso urbano que considera desbordado.
La defensa vecinal llega después de que el periodista y promotor cultural Hevert Laos cuestionara la tala prevista y pidiera declarar la zona como patrimonio cultural. Refulio rechazó que el proyecto desconozca la historia de la Alameda y sostuvo que existiría un informe de Cultura que no habría encontrado vestigios que impidan la obra.
El debate, sin embargo, no está cerrado. La controversia ahora se mueve entre dos exigencias: los críticos piden proteger el valor ambiental, monumental y paisajístico de la Alameda; los vecinos que respaldan la obra reclaman resolver redes antiguas, desagües colapsados, árboles en riesgo y desorden urbano.
Refulio anunció exposiciones técnicas ante instituciones como la Cámara de Comercio y el Colegio de Abogados. Allí se jugará parte de la legitimidad del proyecto: si el Gobierno Regional y la municipalidad explican con claridad qué árboles se retirarán, cómo se reemplazarán y qué garantías tendrá la obra, o si la modernización de la Alameda seguirá avanzando bajo sospecha pública.









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