Más temprano que tarde

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Que es Vladimir Cerrón quien en la práctica ha venido gobernando el Perú desde que Pedro Castillo asumió la presidencia el 28 de julio es algo que pocos se atreverían a negar. Y no, desde luego, porque abunden las pruebas que respalden fehacientemente lo antedicho, que no las hay, sino porque cuantas decisiones ha tomado el presidente desde que comenzó su gobierno, y esto es perfectamente constatable, han estado marcadas por la clara y reconocible presión del dueño del partido político que lo llevó a la presidencia. Así, y comenzando con la elección de sus ministros de Estado, las decisiones de Pedro Castillo se han visto seriamente influidas por lo que al señor Cerrón le parecía o no que se debía hacer. Lo que, como se sabe, acabó llevando al presidente a la disyuntiva de tener que decidir entre lo que realmente convenía a los intereses del país, y lo que, por el contrario, favorecía a los planes de Perú Libre.

Las consecuencias de que Pedro Castillo se decantase por lo trazado por el plan de gobierno de Vladimir Cerrón han sido, por supuesto, de suma gravedad para los peruanos. Y ello comenzando por el hecho de que al colocar como jefe de su gabinete a alguien con las “credenciales” de Guido Bellido lo único que ha conseguido es generar una mayor inestabilidad en el país de la que ya de por sí veníamos sufriendo desde el inicio mismo de su gestión. Inestabilidad que no se debía, y es bueno recalcarlo, a oscuras y siniestras conspiraciones de la ultraderecha peruana, a la descarada intervención de la CIA o a la nefasta conjunción de los astros, sino única y exclusivamente al total y absoluto desatino con que Perú Libre escogía a sus cuadros.

Porque hay que ser bien falto de criterio, bien imbécil, para pretender que un individuo con los antecedentes del señor Bellido fuera a lograr los consensos necesarios entre el Ejecutivo y el Legislativo que contribuyan a la gobernabilidad del país, a sabiendas de su clara e indisimulada capacidad para mostrarse en contra de todo lo que no guardase relación con su cuadriculada manera de entender las cosas. Es más, diríase, incluso, que de lo único de que lo que el actual premier podría ser garantía a simple vista era de una pronta censura por parte del Congreso.

Y ni que se diga de los demás miembros de su gabinete, que, si por algo destacan en su gran mayoría, es por los serios cuestionamientos que se ciernen sobre ellos; cuestionamientos estos que, a diferencia de aquellos a los que normalmente nos tienen acostumbrados los políticos de nuestro país, no tendrían que ver necesariamente con casos de corrupción, que no son en todo caso los que resultan más “notorios” en sus “flamantes” ministros, sino con cuestiones muchísimo más delicadas, como lo pueden ser las relacionadas con casos de apología al terrorismo.

Ahora bien, cabe preguntarse lo siguiente: ¿es tal el grado de influencia que ejerce el señor Cerrón sobre el presidente, como para “obligarlo” a nombrar en su gabinete a gentes que podrán ser todo lo inocentes que se quiera de las acusaciones que pesan sobre ellas, pero que a todas luces carecen de la credibilidad necesaria para asumir los altos cargos que finalmente se les acabó confiando? ¿O será, más bien, que si Pedro Castillo cumple prácticamente a juntillas con todo lo que le ordena Vladimir Cerrón es debido a que este tiene “algo” que hace agachar la cabeza al presidente, y decir “amén” a cuanto manda el dueño de Perú Libre?

Como sea, todo hace indicar que la relación entre Pedro Castillo y Vladimir Cerrón, sea cual fuere la verdadera naturaleza de esta, comienza a sufrir sus primeros traspiés. Pues el alejamiento de Héctor Béjar, quien renunció al ministerio de Relaciones Exteriores debido a la presión generada por la difusión de unas declaraciones suyas en las que responsabiliza a la Marina del inicio del terrorismo y al servicio de inteligencia de Estados Unidos del surgimiento de Sendero Luminoso; sumado al pedido de renuncia realizado por Guido Bellido a Íber Maraví, ministro de Trabajo y Promoción del Empleo sobre quien pesan serias acusaciones que lo vincularían con acciones terroristas, no hacen más que confirmar que las cosas entre ambos no estarían marchando como al inicio de su gobierno.

Queda esperar cuál será la próxima “iniciativa” de gobierno del señor Cerrón, y, claro, si a Pedro Castillo le dará la gana de complacerlo. De lo que ocurra en ese momento se podrá desprender el que la alianza siga en pie o cada uno tome su respectivo camino. Por lo pronto, parece ser que alguien cercano al presidente estaría convenciéndolo de la necesidad de marcar distancia de Perú Libre. Lo que tampoco debe ser nada fácil, dada la innegable “influencia” que ejerce Cerrón en el presidente. En cualquier caso, todo hace indicar que más temprano que tarde acabará sucediendo algo que termine precipitando el final de la alianza. Es solo cuestión de sentarse a esperar, que si hay algo que nos sobra a los peruanos es la paciencia. ¡Santa paciencia!