La minería ilegal e informal de oro dejó de concentrarse en Madre de Dios, Puno, Arequipa y La Libertad. Nuevos territorios registran actividades de extracción, procesamiento, transporte y comercialización del metal: en el sur, Cusco y Apurímac; en el norte, Cajamarca y Piura; y en la Amazonía, Loreto, Huánuco y Amazonas, según un análisis difundido por el medio arequipeño El Búho.
En Huánuco, las actividades ilegales se detectan en Puerto Inca, en una comunidad nativa del sector Samiri-Paucarcito, así como en el río Pachitea. La Amazonía concentra además el desplazamiento más acelerado: en Loreto, un reporte de MAAP identificó 1 518 registros históricos de dragas entre 2017 y 2026, de los cuales 704 corresponden solo a 2025 y 2026, el 46 % del total registrado en nueve años. Esa actividad alcanza 13 ríos amazónicos, entre ellos el Nanay, Marañón, Tigre, Mazán, Napo y Putumayo.
Los nuevos focos en el sur y el norte
En el sur, las autoridades detectaron explotación ilegal en las provincias cusqueñas de Paucartambo, en el cauce del río Pumachaca, así como en Camanti (Quispicanchi) y en Colquemarca (Chumbivilcas). En Apurímac se registra particularmente en Aymaraes, con actividades a tajo abierto sin autorización ni plan de manejo ambiental. Registros policiales muestran que en Aymaraes, entre enero de 2024 y mayo de 2026, se contabilizaron 21 casos vinculados a presunta minería ilegal.
El desplazamiento no ocurre solamente en el sur. Desde Pataz (La Libertad) los mineros se han movilizado a Cajamarca, que se ha convertido en otro foco de preocupación. Aparecen como zonas críticas Cajabamba, Hualgayoc y San Ignacio, donde en 2025 se realizaron más de 200 intervenciones contra la minería ilegal. Piura forma otro frente: la Fiscalía intervino actividades ilegales en Ayabaca, particularmente en el distrito de Suyo, y en marzo pasado destruyó ocho molinos, seis motores diésel, tres motobombas y pozas utilizadas para procesar material aurífero. Un informe presentado ante el Congreso señala que la minería ilegal se concentra en Tambogrande, Las Lomas, Suyo, Sapillica, Paimas, Jililí y Lancones.
“Una fiebre por hacerse rico”
Para el analista Iván Arenas, el Perú enfrenta una expansión geográfica de la minería informal e ilegal y la consolidación de nuevos corredores. Explica que la diversidad de recursos minerales —oro, cobre, zinc, plata, estaño y carbón— permite que se extienda.
“La minería ilegal no solo ha ampliado la frontera geográfica y no solo se ha consolidado en corredores ilegales, sino que nuevos minerales se han sumado a la informalidad e ilegalidad”, sostiene Arenas.
El analista señala dos factores en Cusco y Apurímac: la geología y el atractivo económico. Cusco está dentro de la formación Ferrobamba y Apurímac forma parte del cinturón del cobre, en un contexto de “un boom social por la minería, una fiebre por hacerse rico” y de “un Estado desorganizado”.
Arenas advierte que estos corredores funcionan como cadenas productivas organizadas, donde cada actor cumple una función. Menciona el caso de Otuzco, donde, según el analista, la organización criminal conocida como “Gran FA” tenía entre sus integrantes a policías y jueces. “Las plantas de procesamiento financian los emprendimientos. Tienes a las empresas o estudios tributarios que ayudan a ‘lavar’ los activos. A eso súmale los fiscales, jueces y policías”, afirma Arenas.
Estas redes, continúa el analista, pondrían en riesgo proyectos de minería formal como Pataz, Fuerabamba y Tapairihua. Reconoce diferencias entre un corredor y otro: “No es lo mismo el desarrollo de una cadena productiva ilegal aurífera en Pataz que en Madre de Dios”. Identifica un elemento común: “Siempre hay un productor y hay un comprador; los modelos al final tienen diferencias entre actores o financiadores. En tanto, la corrupción es un hilo homogéneo”.








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