El Niño suele pensarse desde la costa: lluvias, huaicos, ríos desbordados, cultivos perdidos. Es lógico, pues allí el fenómeno ha dejado su huella más visible en el pasado. Sin embargo, esa mirada fija en el litoral ha dejado en segundo plano otra consecuencia que hoy arrasa la sierra y la selva: los incendios forestales.
En lo que va de 2026, el país ha registrado 374 incendios forestales, según información de Defensa Civil. El saldo incluye ocho personas fallecidas, 172 damnificados y 603 personas afectadas en sus medios de vida. Además, 34 viviendas fueron destruidas, 46 quedaron inhabitables y otras 72 resultaron afectadas.
El impacto sobre los ecosistemas también es considerable. Las cifras oficiales señalan que los siniestros han ocasionado daños en más de 5.000 hectáreas de cobertura vegetal natural, mientras que otras 7.000 hectáreas se reportan como perdidas. En total, son alrededor de 12.000 hectáreas de vegetación natural afectadas. La actividad agropecuaria tampoco ha quedado al margen: se reportan 1.138,05 hectáreas de agricultura perdidas y 920 animales de ganado afectados, de los cuales 88 murieron.
Emergencias simultáneas en más de diez regiones
Hasta las 4.30 p. m. del 12 de octubre, el Sistema de Alerta Temprana de Incendios Forestales del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) registraba 19 incendios forestales confirmados de manera simultánea en distintos puntos del país. El sistema reporta 76 alertas de incendios en total. A esta cifra se suman 2.079 focos de calor, de los cuales 69 presentaban condiciones para convertirse en nuevos incendios, según el reporte de Serfor.
Los siniestros se extienden por más de diez departamentos. Cusco, Apurímac y Junín figuran entre las regiones con mayor afectación, en un escenario marcado por la ausencia de lluvias, la baja humedad, las altas temperaturas, la radiación ultravioleta y los fuertes vientos.
En Cusco, la emergencia ya ha cobrado la vida de cinco personas, según información de la Defensoría del Pueblo. Los fallecimientos se produjeron en las provincias de Acomayo, Urubamba, Calca y Paucartambo. Entre las víctimas se encuentran dos hermanos de 11 y 18 años. En Puno, además, murió un adulto mayor de 82 años.
Cusco y Junín concentran las emergencias
Desde el domingo 4 de octubre, comunidades de la provincia cusqueña de Espinar enfrentan incendios que han alcanzado sembríos, pastizales, viviendas y animales. La magnitud de los siniestros ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de los equipos de emergencia de la región.
El fuego también se registra en otras provincias cusqueñas. De acuerdo con el sistema de alertas del Serfor, hay incendios en Anta, Calca, Canas, Chumbivilcas, Canchis, La Convención, Paruro y Quispicanchi.
En Junín, la situación también es crítica. En la provincia de Satipo, comunidades asháninkas enfrentan desde el 4 de octubre un incendio que ha consumido más de 350 hectáreas de bosque, además de provocar la pérdida de cultivos de cacao y yuca. Diez viviendas resultaron afectadas.
La emergencia ocurre mientras las condiciones meteorológicas favorecen la propagación del fuego. El Senamhi ha advertido que la falta de precipitaciones, la reducción de la humedad, el incremento de las temperaturas durante el día, la radiación ultravioleta y las ráfagas de viento pueden facilitar la aparición y expansión de incendios forestales. La entidad ha señalado que estas condiciones persistirían durante los próximos días.
El costo de apagar el fuego
El problema no se limita a la capacidad para controlar las llamas una vez iniciado el incendio. En julio, Luis Zari, especialista legal del Programa de Bosques y Servicios Ecosistémicos de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, cuestionó el modelo de prevención. La discusión sobre cómo financiar la extinción y la prevención de incendios no es exclusiva del Perú: en España, un informe de Greenpeace con datos de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO) estimó que extinguir los incendios de 2025 costó entre 3.548 y 6.741 millones de euros, la cifra más alta registrada en ese país.
El desequilibrio presupuestario es una constante. El 78% de los recursos públicos destinados a la lucha contra incendios en España se gasta en extinción, frente a solo un 12% en prevención, según los informes de ASEMFO. Entre 2009 y 2022, el gasto en prevención cayó un 51%, mientras el destinado a extinción se mantuvo estable en torno a 417 millones de euros anuales.
Los expertos advierten que el problema de fondo no es la falta de recursos naturales sino la insuficiente gestión de los montes. La monografía El sector forestal y la gestión del monte en España, publicada por CajaMar con la participación de 17 especialistas, defiende que la prevención debe entenderse como una inversión estratégica y no como un gasto, y alerta de que el riesgo de incendios de alta intensidad aumentará entre un 14% y un 30% de aquí a finales de siglo.
En el Perú, la discusión sobre la declaratoria de emergencia también ha estado presente. En septiembre de 2024, regiones del Nororiente y de la Amazonía peruana solicitaron que se declare emergencia nacional, pero el gobierno indicó entonces que aún no había "razones tan críticas que justifiquen una declaratoria de Estado de Emergencia".
Impacto económico y en el empleo
Un estudio publicado en el Journal of Environmental Economics and Management y citado por el Banco Central Europeo (BCE) en un documento de trabajo de 2024 analizó 233 regiones de Portugal, España, Italia y Grecia entre 2011 y 2018. Sus resultados apuntan a que los incendios reducen el crecimiento anual del PIB de las regiones afectadas entre un 0,11% y un 0,18%, con una caída que puede alcanzar entre el 3,3% y el 4,8% en los años más graves. En términos de empleo, el sector turístico pierde entre un 0,09% y un 0,15% de su crecimiento anual, lo que se traduce en una pérdida de entre 5.712 y 9.588 puestos de trabajo por temporada en el sur de Europa.
El Parlamento Europeo aprobó en julio de 2026 una ayuda de emergencia de 120,55 millones de euros para España en concepto de daños por sequías, olas de calor e incendios forestales, una cifra inferior al coste de extinguir 7.000 hectáreas al precio que maneja ASEMFO.
El sistema peruano de alerta temprana sigue reportando focos de calor y condiciones propicias para nuevos incendios en la sierra y la selva, mientras las comunidades afectadas enfrentan la pérdida de cultivos, viviendas y ganado.










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