La protesta de Huamalíes frente al Gobierno Regional de Huánuco dejó en evidencia un problema mayor que el reinicio del Estadio Colón: la pérdida de valor de la palabra oficial. Cuando una autoridad necesita presión social para poner fechas, aceptar vigilancia ciudadana y ordenar a su equipo técnico que actúe, el conflicto ya no gira solo alrededor de una obra, sino de la confianza rota entre gobierno y población.
El reclamo de Llata expresa un malestar legítimo. Más de un año y seis meses de abandono no se explican únicamente con observaciones técnicas, cambios de expediente o retrasos administrativos. Una obra paralizada durante tanto tiempo revela falta de conducción, ausencia de seguimiento y una preocupante costumbre de prometer antes de documentar.
El gobernador Antonio Pulgar aceptó un cronograma: expediente final el 15 de junio, aprobación el 20 e inicio de obra el 22. Pero esas fechas no bastan si no vienen acompañadas de actas, responsables, presupuesto claro y supervisión pública. La ciudadanía ya no pide discursos; pide documentos que puedan verificarse.
La frase del consejero Ricardo Prado resume el fondo del problema: “ya no queremos compromisos, sino documentos”. Esa exigencia no es un capricho político ni una consigna de protesta. Es la respuesta natural de una población que escuchó plazos anteriores, vio pasar semanas, meses y consultores, pero no vio maquinaria trabajando ni resultados concretos.
También es saludable que tres representantes de Huamalíes participen en la vigilancia del expediente. No porque la ciudadanía deba reemplazar al Estado, sino porque el Estado perdió autoridad moral para pedir confianza ciega. La fiscalización vecinal aparece cuando la administración pública deja demasiados vacíos.
El Estadio Colón importa, por supuesto. Importa para Llata, para sus jóvenes, para sus instituciones educativas y para una provincia que merece infraestructura digna. Pero importa más como prueba política: si el Gobierno Regional no puede ordenar una obra emblemática, ¿qué garantía ofrece frente a proyectos más complejos?
La lección es clara. Gobernar no es apagar incendios cuando la protesta llega a la puerta. Gobernar es anticiparse, informar, corregir y cumplir. El 15, el 20 y el 22 de junio ya no serán simples fechas técnicas. Serán el examen público de una gestión que necesita demostrar, con hechos y papeles, que su palabra todavía vale.










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.