“Manos y ojos. Siempre me concentro en las manos y los ojos” (J. N.) Israel Tolentino Cuando se piensa en Las guerras, más que encontrar respuestas, sobran las preguntas. La civilización, perpetúa la estupidez histórica, siempre gerenciada por mitómanos, por temperamentos peligrosos que tienen en la indiferencia y sumisión a sus borregos con quienes cumplir sus siniestras alucinaciones. La humanidad va mal, la estupidez activa gobierna; no es que ayer fue mejor, sino que aparentemente, las sociedades han madurado, deberían ser óptimas, con superiores condiciones. Nadschaf, Irak. 2003 © James Nachtwey Archive, Hood Museum of Art Dartmouth James Nachtwey (New York, 1948) estudió historia del arte, ciencias políticas y sirvió en la marina mercante: “utilizo mis conocimientos sobre los elementos formales de la fotografía al servicio de las personas que fotografío, y no al revés. No pretendo hacer declaraciones sobre fotografía, sino usarla para expresar lo que sucede en el mundo. No quiero que mis composiciones sean pretenciosas” En el mundo del arte, hay un lenguaje explícito que siempre funciona y da lugar a una red de amistades, con formas diferentes, pero con un consenso similar sobre la vida. Pueden llegar músicos de lugares inimaginables de la tierra y luego de unos ensayos tocar juntos; pintores compartir los mismos colores. Con y sin profesiones los seres humanos pueden ponerse de acuerdo. Pero hay un momento donde la fricción, convierte las diferencias en problema, en agotamiento del diálogo, eliminarse, matarse, asesinarse, termina siendo la oportunidad de solución. ¿cómo desistir de los incidentes que incitan fricción? Cula, Rumanía. 1990. © James Nachtwey Archive, Hood Museum of Art Dartmouth. En las guerras todos perdemos, hay quienes las provocan, una lista corta de números con anotaciones de pingües ganancias. No se ven sus casas derruidas, ni los palacios, menos los bancos y los templos; muertos los líderes o sus familias, no aparecen por ninguna parte (seguro exagero). Con seguridad fatal, no hay una fórmula para paliar el devenir humano, queda pensar en la actitud, que el compromiso de cada libre pensador coincida en ideales a pesar de la mezquindad. En la descripción del “Guernica”, la enorme bombilla similar a un ojo era Dios quien miraba. En otros relatos, el ojo vigila, observa la tragedia humana; la bombilla como símbolo de modernidad contrasta con la lampara que bien podría recordar a Diógenes. ¿Habrá luz al final del túnel? Kharkiv, Ucrania. 2022 © James Nachtwey Archive, Hood Museum of Art Dartmouth. La guerra “es un monstro grande y pisa fuerte…” En la exposición de la obra fotográfica de James Nachtwey, denominada MEMORIA, las imágenes de seres humanos devastados por su participación forzada en “sus” guerras increpa, como una bala a quemarropa; en cada fotografía, los actores de cada bala son bebes, niños, jóvenes, ancianos. Unas veces mujeres o varones con uniforme o en su condición de madre o padre. La exposición MEMORIA está comisariada por el mismo James Nachtwey, en colaboración con Claire Ducresson-Boët, directora de exposiciones de Fotografiska Berlin, y Thomas Schäfer, director de exposiciones de Fotografiska Berlin. El medio controla la información, defiende el imperio económico, controla las mentes incidiendo en la frase: “You are free”. Cada fotografía en la sala es ferozmente reprendiente, escapar de las miradas es imposible, uno regresa a casa, hilvanando la imposibilidad de hacer algo. James Nachtwey (a la derecha) corre a un lugar seguro durante un tiroteo en Sudáfrica en 1994. Ese mismo día, Nachtwey y otros fotoperiodistas volvieron a ser atacados y un compañero fotógrafo resultó muerto. Un hombre con una copa de vino, se detiene en la sala, mira una fotografía, puede ser sobre la guerra en Kósovo, Ucrania, Gaza, Haití… Tal vez encuentra formas estetizantes; en otros espectadores algo se anuda en la garganta, le entristece, su corazón palpita, le recuerda a su ciudad. Si bien alumbra el mismo sol para todos, las conciencias se modelan con instrumentales desiguales. Todos tienen la razón, la verdad. En un mundo relativo, ¿que podrá servir? Sirven ambos brazos. (Berlín, marzo 2026).