De los nombres de poetas de ayer y de hoy, relevantes y con una pila admirable de libros publicados y antologados, el de César Vallejo es el que jamás se echa al olvido, nunca dejamos de releerlo, el más básico culto en literatura conoce el poema “Los heraldos negros”, tal vez se emocione, sienta un temblor en el espíritu, la piel se le escarapela, no entienda el tema, las figuras retóricas ni la intención, pero lo repite frecuentemente y lo hará cada vez que haya ocasión. “Golpes como del odio de Dios”, dirá asombrado. Si Dios es inmensamente misericordioso, ¿puede ser capaz de odiar? Es poesía, una actitud frente al sufrimiento y la percepción de Dios. César Vallejo es el poeta peruano que ha logrado con su poesía y su actitud, talento estético, coherencia política e ideológica y dedicación al oficio de poeta, con el apoyo decisivo de su esposa Georgette Phliippart, superar las fronteras nacionales para posicionarse en la cultura universal. No recibió el Premio Nobel de Literatura como Pablo Neruda, pero es más trascendental y consistente en la historia que el poeta chileno. Vallejo es la cumbre de la poesía hispanoamericana. Todos los poetas en lengua española tienen la huella del estilo y la vena creativa de Vallejo. Al 15 de abril de 1938, tenía 46 años; murió un Viernes Santo en París.
César Vallejo escribió una poesía inédita en el Perú. No es el tema, sino el manejo del lenguaje poético. “El hermano ausente en la cena de pascua” de Valdelomar es menor a “A mi hermano Miguel” de Vallejo. En ambos el tema es la familia, pero el modo de escribirlo, de transformarlo en un texto poético, difieren sustancialmente. Los heraldos negros debió publicarse con el prólogo de Abraham Valdelomar. El libro apareció en 1919, y no en 1918, sin el comentario prometido. ¿Qué hubiera dicho el autor del célebre cuento El Caballero Carmelo de Los heraldos negros? Eran los años de los movimientos de vanguardia en Europa, Valdelomar no estuvo en París, pero era el más importante escritor del Perú. Chocano era un poeta grandilocuente, de derroche lingüístico y capacidad desaforada para crear metáforas. Manuel González Prada sí tuvo apertura para modelos literarios extranjeros. José María Eguren es un caso excepcional. Escribió una poesía fina, simbólica, de versos métricos y concisos y personajes fantásticos. Junto a Vallejo representa el cimiento de la poesía contemporánea en el Perú. José Carlos Mariátegui, en el ensayo “Proceso de la literatura”, valoró acertadamente a Eguren y Vallejo. He releído la poesía de Vallejo en la edición conmemorativa que le hizo, el 2025, la Real Academia Española. Además de los libros de poesía de Vallejo, contiene estudios sobre la trayectoria de la poesía de Vallejo, relación con las vanguardias europeas, aventuras en revistas, militancia en el partido comunista, viajes a Rusia, hipótesis sobre su muerte y la rivalidad con Pablo Neruda. Leer estos ensayos es revelador, da luces mayores para comprender la vida y la poesía de César Vallejo. Nos enteramos de hechos y circunstancias que el lector no sabe, pero sí el crítico literario. Stephen M. Hart hace referencia a las pugnas políticas entre Vallejo y Neruda. Él considera que es cuestionable la “infección intestinal” por la que murió Vallejo. Especula que Vallejo fue envenenado por agentes rusos que obedecían órdenes de Stalin y con el “apoyo deliberado” de Neruda, que cumplía el “rol de lobo” de Vallejo. En una oportunidad, en un restorán, donde Vallejo almorzaba solo, Neruda le dijo al poeta León Felipe: “No te acerques donde ese. Es un trotskista, un enemigo de la revolución”. El poeta español le espetó: “Vete al coño de tu madre”. Alonso Cueto, citando a Daniel Titinger, cuenta que “en una ocasión Picasso entró con Rafael Alberti a un café en París donde estaba sentado Vallejo. Al verlo, Picasso lanzó una sentencia: “Vámonos, que este es muy triste y nos arruina la tarde”. Sin embargo, poco después de la muerte de Vallejo, Juan Larrea le llevó a Picasso España, aparta de mí este cáliz. Al leerlo, Picasso exclamó: “A este poeta sí le hago un dibujo”. Poco antes se había negado a retratar a García Lorca. “Que se lo haga Salvador Dalí”. El 1937, Picasso había pintado Guernica.
Los heraldos negros y Trilce tienen muchísimos poemas cuyo personaje es la mujer. Los estudiosos han visto ahí un complejo de Edipo no resuelto. En la poesía escrita en París (Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz), este tópico desaparece. Será Georgette el eje de su vida literaria y social. Los poemas van desde la imposibilidad, el sufrimiento, la contemplación, la pérdida definitiva y la posesión carnal. Trilce desarrolla el tema de la prisión, la familia (madre, hermanos), crisis existenciales, perspectivas del erotismo y los amores con Otilia Villanueva. Si oponemos a la crítica que mereció Trilce cuando apareció en 1922, el prólogo de Antenor Orrego fue pertinente y justiciero. Dijo: “César Vallejo está destripando los muñecos de la retórica. Los ha destripado ya. El poeta quiere dar una versión más directa, más caliente y cercana a la vida. El poeta ha hecho pedazos todos los alambritos convencionales y mecánicos. Quiere encontrar otra técnica que le permita expresar con más veracidad y lealtad su estilo de la vida”. Se refería a los 77 poemas de Trilce. Los obtusos críticos de la época no entendieron el lenguaje ni la propuesta estética revolucionarios de Vallejo. En Vallejo y Neruda: Dos modos de influir, Mario Benedetti dice: “En el caso de Neruda, lo más importante es el poema en sí; en el caso de Vallejo, lo más importante suele ser lo que está antes (o detrás) del poema”. Recordemos que política e ideológicamente eran rivales: Neruda era estalinista; Vallejo, trotskista. En “Oda a César Vallejo”, Neruda le decía “hermano mío”. “Era en París, vivías / en los descalabrados / hoteles pobres. / España / se desangraba. / Acudíamos. / Y luego / te quedaste en el humo / y así cuando / ya no fuiste, de pronto, / no fue la tierra / de las cicatrices, / no fue / la piedra andina / lo que tuvo tus huesos, / sino el humo / la escarcha / de París en invierno”.
Marco Martos se pregunta: “¿Por qué permanece Vallejo en el gusto de las personas en el Perú y en el mundo?” Responde: 1. El efecto poderoso de su poesía en distintas personas situadas en cualquier parte del globo terráqueo. No hay sensibilidad humana que se resista a los versos de Vallejo. Vallejo es inevitable. Siempre está su trágica concepción del sufrimiento y, a la vez, su coherencia, esperanza y solidaridad. 2. Importancia que tiene en la educación en distintas partes del mundo. En los planes lectores, Vallejo es lectura imprescindible. En mis libros escolares de secundaria, había poemas de Vallejo y el cuento Paco Yunque. 3. Se le ha hecho justicia. Lleva su nombre universidades, avenidas, monumentos, equipos de fútbol, etc. Vallejo y su poesía, incluso su narrativa y periodismo, es inagotable para los lectores y críticos literarios. Yo jamás hubiera leído la poesía de Vallejo, si, cuando tenía 17 años, hubiera decidido estudiar ingeniería civil.










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