Las autoridades de Singapur ejecutaron en la horca a un hombre de 53 años condenado por presunto tráfico de estupefacientes, con lo que la ciudad-Estado alcanzó 12 ejecuciones en lo que va de año bajo una de las legislaciones antidrogas más severas del mundo.
La Agencia Antinarcóticos de la isla (CNB, por sus siglas en inglés) informó en un breve comunicado que el último ejecutado —cuya identidad no fue revelada— contó con representación legal en todo momento y que sus peticiones de clemencia fueron rechazadas por las autoridades.
"La pena capital se impone únicamente para los delitos más graves, como el tráfico de cantidades significativas de drogas que causan daños muy graves, no solo a los consumidores, sino también a sus familias y a la sociedad en general", señaló la CNB.
Según la legislación singapurense, la pena de muerte se aplica a partir de condenas por presunto tráfico de un mínimo de 500 gramos de marihuana y 15 gramos de heroína, en procedimientos que organizaciones no gubernamentales y activistas califican de opacos. La CNB reportó la ejecución de un malasio de 47 años el sábado pasado, seguida por otro ahorcamiento el jueves, cuando un singapurense de 32 años se convirtió en el undécimo ejecutado del año.
Récord de ejecuciones y críticas internacionales
Los ahorcamientos —método que emplea la isla asiática— aumentaron en 2025, con 15 casos confirmados por las autoridades, mientras que las ONG elevan la cifra a 17. Esta cantidad superó el récord previo documentado por grupos como Amnistía Internacional: 13 ejecuciones en 2003.
Singapur, gobernado de manera semiautocrática por el Partido de Acción Popular (PAP) desde su independencia en 1965, defiende las ejecuciones como un mecanismo para mantener seguro el país y sostiene que son disuasorias para el consumo de drogas, sin apoyarse en datos. La ONU y diversas ONG denuncian tanto el procedimiento como su opacidad.









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