Un ataque con drones cerca de la central nuclear de Barakah, en Emiratos Árabes Unidos, elevó la tensión en Medio Oriente y encendió alertas internacionales por el riesgo de que instalaciones nucleares civiles queden expuestas en medio de la crisis regional. Las autoridades emiratíes informaron que un generador eléctrico externo fue alcanzado y que no hubo heridos ni impacto radiológico.
El Gobierno de Emiratos Árabes Unidos indicó que tres drones ingresaron desde la frontera occidental: dos fueron interceptados y uno provocó un incendio fuera del perímetro interno de la planta. La investigación busca establecer el origen del ataque, aunque Abu Dabi lo calificó como una agresión terrorista y un riesgo grave para la seguridad civil.
La Agencia Internacional de Energía Atómica señaló que los niveles de radiación permanecieron normales y advirtió que cualquier acción militar cerca de instalaciones nucleares resulta inaceptable. El pronunciamiento buscó contener el impacto diplomático de un incidente ocurrido en una región marcada por la tensión entre Irán, Estados Unidos, Israel y países del Golfo.
El ataque ocurre mientras Washington incrementa presión sobre Teherán y las negociaciones regionales siguen estancadas. Para los países del Golfo, el episodio reabre una preocupación central: que la guerra híbrida con drones, misiles y ataques indirectos alcance infraestructura energética o nuclear estratégica.
La atención quedará ahora en la atribución del ataque y en la respuesta de Abu Dabi. Una acusación formal podría ampliar la crisis regional y afectar mercados energéticos ya sensibles.










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