Andar es la constante, ostentar nuestro bipedismo. Todos los caminos, desde antiguo, te llevaban a Roma; hoy en día, todos los caminos te llevan a Francesco Careri. A veces, elegir una calle distinta a la ruta habitual te regala encuentros inesperados; caminar, entonces, produce un cambio en ti, en el lugar donde se realiza y en el que uno elige recorrer. Caminar le da vuelta al destino.
Esa tarde, luego de llegar de una visita al artista holandés Constant (1920-2005), fundador del grupo CoBrA —quien terminaba la obra actualmente colgada en la pared de su casa, titulada “Stalker”—, es el homenaje a las ideas de ese amigo, a la utopía de la “New Babylon”. Francesco Careri (Roma, 1966) es arquitecto y profesor investigador del Departamento de Arquitectura de la Università degli Studi Roma Tre, donde dirige el grupo de investigación Laboratorio Arti Civiche e imparte una asignatura homónima: un curso peripatético en el que se camina interactuando in situ con los fenómenos urbanos emergentes.

“Il Gazometro”, barrio Ostiense.
Son las 14:45; se inicia el trayecto. Estamos en Capecelatro, uno de los puntos cardinales de la milenaria Roma; de pronto, el recorrido se traslada a una sensación corpórea. La ciudad es, en ese momento, un cuerpo, tal vez femenino. Se recorre el cuerpo en tanto la topografía de la villa te convide, proponga; lo que los espacios te consientan, entregue a los pies: ritmo, movimiento, sinergia. El desplazamiento es un convite; transita con la libertad que el organismo, en este caso el barrio Bastogi, te brinda. Las fuerzas son tuyas, las que como andante logras mantener. El amplio acercamiento donde por intervalos ambos se pierden en uno: caminante-ciudad-caminante; momentos donde el cuerpo de la metrópoli te absorbe, te pierdes en tu fatiga y, como un monstruo sediento, la urbe que pisas te ahoga en sus fluidos. La extenuación y el sudor pueden ponerle límites al periplo. La capital no se agota en un recorrido; la sombra de los descansos te espera para el siguiente develamiento.

En Roma con Francesco Careri.
El monumento nombrado “Il Gazometro di Roma” era parte de mis andanzas por estos días; cada vez que cruzaba el puente de hierro pintado de blanco, realizado por Francesco del Tosto, me recordaba al estilo Calatrava. No hay obstáculos cuando te prometes caminar; se establecen rutinas, por ejemplo: usaba siempre el lado derecho para cruzar el puente. Esa mañana, decidí usar el margen izquierdo; mientras avanzaba sus más de 100 metros, veía el “Gazometro”, pensaba en la posibilidad de sacarme una fotografía con ese fondo… De pronto, llegando al final del puente, una persona que días antes había caminado en el grupo se acerca por esta ruta; nos reconocemos y, mientras cruzamos saludos, le pido que me tome una foto, con el monumento como locación. Encontrarme con Julie cerró una historia con “Il Gazometro”. Trasladarse es otro modo de llevar a cabo los deseos.

Camminare e Fermarsi. Jóvenes en el barrio Bastogi.
Los jóvenes llegan de distintos lugares: Portugal, España, Francia, Alemania, Brasil; los reúne el curso de Francesco Careri. Caminamos y vamos conociéndonos; en un momento estoy conversando con Federica; ella, hacía poco, había vivido en Valparaíso. Sus relatos sobre Latinoamérica suenan frescos y con mucho potencial; una buena camada de arquitectos del sur había fundado una aldea, una comunidad donde compartir y desarrollar sueños en torno al oficio, la ciudad y el arte.
Los caminos “a priori” no dicen mucho; como un libro en el estante, observas las formas, el color, su ubicación y quizá el peso. Cuando tus pies, tu corporalidad, entran en acción, es cuando los senderos florecen, cambian de color, cobran aroma, manifiestan un sentido; surgen las idas y vueltas, las subidas y bajadas. Los abrojos, las barreras, perros encrespados, las cadenas y candados no impiden caminar.

Camminare e Fermarsi. Jóvenes en el barrio Bastogi.
Escribe Francesco: “È camminando che l’uomo ha cominciato a costruire il paesaggio naturale che lo circondava”. Como esa necesidad te adentra en cuerpo, pensamientos y alma, al espacio que antes de la presencia humana era una zona impoluta; la proeza de andar crea el reflejo donde advertir cuánto uno se desconoce. El errabundeo te lleva a ser parte del trazo primigenio.
Llegar a Roma y recorrerla te escapa del transitar turístico. La impronta señalada por Careri ha hecho que Roma sea mucho más “que todos los caminos llevándote a ella”; cada sedentario o transeúnte, según como uno se contextualice, concibe un ignorado recorrido o suma a los existentes. En las dos condiciones, la infinidad de cuanto paisaje existe te vincula y amplía Roma. Francesco Careri recobra en esta práctica un amable paisaje para este mundo (Roma, mayo 2026).










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