El fujimorismo como partido y práctica política llegó al poder en 3 oportunidades. Las primeras 2 por la vía democrática electoral en los años 1990 y 1995 y, como todos ya sabemos, de manera fraudulenta en el año 2000. En este último periodo, el escándalo de los vladivideos y las corruptelas cometidas durante el gobierno del ya fallecido Alberto Fujimori dejaron una lección al país de lo que ocurría cuando se permitía que una dinastía política tomara las riendas del país amparada en elementos corruptos del sistema militar. Eso sí, tras años de luchas en donde candidatos de diversos signos políticos se enfrentaron a la heredera de la dictadura, Keiko Fujimori, derrotándola por lo general en segundas vueltas, el pasado 7 de junio el país decidió darle la espalda a su historia, a sus víctimas y a su memoria para dar paso oficialmente al cuarto fujimorismo.
Y va siendo momento de hacerse a la idea. Si bien es cierto que Roberto Sánchez y Juntos por el Perú han presentado diversas apelaciones tratando de disminuir la diferencia del conteo, lo real es que, gracias a un menor respaldo en el sur y en la zona rural, sumado al voto de los peruanos en el extranjero, podemos decir ya con toda seguridad que Keiko Fujimori es la nueva presidenta electa del Perú por el periodo 2026-2031. Ahora, considero que, en vez de desgastar energías y capital político en este entrampado proceso dilatorio que ha emprendido la izquierda electoral, ojalá no tratando de emular el fraudismo de parte de la derecha en el 2021, es momento de empezar a pensar en lo que será su accionar como oposición política al fujimorismo.
Si bien es cierto que el fujimorismo tiene todos los poderes en su control, tanto el sistema de justicia como el policial, lo real es que el parlamento tiene hasta el momento una mayor presencia de partidos opositores. Ese es el único punto acertado que le puedo dar a Jorge Nieto Montesinos en la última entrevista que hizo. Si juntas a los diputados y senadores de Juntos por el Perú, Ahora Nación, Obras y, suponiendo que no jueguen para el oficialismo, el Partido del Buen Gobierno, tienes una fuerza lo suficientemente contundente para no solamente poner al presidente del Congreso, sino para agarrar la mayoría de comisiones importantes del parlamento. Las únicas fuerzas aliadas ubicadas estrictamente a la derecha del espectro político son Fuerza Popular y Renovación Popular.
Eso sí, como usted ya habrá podido inferir por sentido común, estimado lector, eso ciertamente sería si estuviéramos hablando de un caso ideal en donde tuviéramos partidos con doctrina y una cohesión ideológica lo suficientemente fuerte. Pero ya hemos visto cómo, por algunas ventajas, muchos congresistas del anterior periodo legislativo, como los de Perú Libre y el Bloque Magisterial, por poner algunos penosos ejemplos, no solamente votaron con la derecha, sino a favor de recortar derechos a la ciudadanía y la clase trabajadora. Los parlamentarios por Huánuco nada más son un triste ejemplo de ello.
No olvidemos que el fujimorismo ya tiene un triste y conocidísimo antecedente con el caso de los congresistas tránsfugas. Aquellos impresentables que fueron electos por fórmulas opositoras, como fue el caso de Perú Posible en su momento, y se terminaron pasando y juramentando por el partido oficialista de la dictadura Perú 2000. Incluso hay por ahí un candidato de baja estatura y labia predilecta que se presenta como un ángel y bien que fue parte de aquellos tránsfugas. No olvidar que Alberto Kouri fue uno de ellos y terminó visto por todo el país recibiendo una coima de Vladimiro Montesinos, video que fue revelado en su momento por los congresistas Fernando Olivera y Luis Ibérico.
Eso es justamente la razón por la que debe empezar a construirse una oposición férrea desde el congreso. Sabemos y conocemos sobradamente cuáles son las prácticas del fujimorismo y se ha empezado a conocer acercamientos del operador político Miki Torres con figuras de la oposición, como ha sido el caso del secretario general y del Partido Obras Daniel Barragán. Ciertamente, tratarán de hacer todo lo legal e ilegal posible para tratar de romper el bloque. Desde ofrecer obras hasta presupuestos, tal y como lo hizo en su momento Alberto Fujimori. Si bien es cierto que el antifujimorismo ha sufrido su primera derrota electoral, este es, desde mi perspectiva, el momento perfecto para que el mismo regrese a sus orígenes, que fue el de aquella oposición contundente que salió a las calles en los 2000 y que aportó a la caída de la dictadura.
Eso sí, tenemos una amplia bibliografía en el país que nos habla del fujimorismo de Alberto, pero recién tendremos el gusto de conocer al fujimorismo de la mano de Keiko. Desde ya han empezado a moverse las fichas a nivel legal para que los policías y militares de gatillo fácil afronten cualquier proceso judicial en caso de asesinatos en protesta en sus fueros. No necesitas ser un politólogo o abogado de renombre para saber que ni policías ni militares se juzgarán a ellos mismos con independencia en sus propias instituciones. Obviamente, se van a proteger como ya lo hicieron muchas veces en el pasado. Saben que en un proceso ordinario por la vía penal no van a tener cómo salir bien librados.
Esto se hace con un claro objetivo, y es el de dar el mensaje a las comunidades del sur del Perú de que las fuerzas del orden tienen todo el respaldo para matar y reprimir a la población que se atreva a protestar ante la inminente juramentación de la aprendiz de dictadora. Así que este cuarto fujimorismo empezará no solamente con las instituciones tomadas, sino con la garantía de que el fuero presidencial se defenderá con sangre y muertos de ser necesario. Algo así como la continuación de Dina Boluarte. Usted se imagina a Keiko Fujimori yendo a inaugurar obras al sur del país, teniendo ya un férreo rechazo como candidata y cómplice de los muertos en las protestas sociales. Yo personalmente no lo imagino.
Finalmente, el antifujimorismo real (no ese magnánimo grupo de liberales que se llaman antifujimoristas y que defienden tanto la constitución como el marco económico de Fujimori a rajatabla) tiene hoy más que nunca una gran responsabilidad. A veces hace falta tocar fondo o ser derrotado para salir nuevamente a la superficie. Como ya lo dijo en su momento César Hildebrandt, el antifujimorismo es el sistema inmunológico del país frente a la corrupción y la dictadura, herencia del fujimorato. Pareciera que estamos en coma o fase terminal, a punto de ser desahuciados, pero al contrario, es el momento en donde hay que responder y recuperar el país de quienes ya se sienten como aquellos mafiosos de la película El Padrino 2, que recortaban un pastel con la forma de Cuba repartiéndose el país entre ellos.










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