«Yo pregunto, ¿alguno de ustedes está en contra de Huánuco?». Con esa frase, lanzada el miércoles frente a la laguna Viña del Río, el gobernador Antonio Pulgar Lucas quiso cerrar cualquier discusión. Quien cuestiona la obra, insinuó, no quiere a su tierra. Diario Ahora responde sin rodeos: querer a Huánuco es, precisamente, exigir que las cosas se hagan bien.
El gobernador también lamentó los «titulares grandazos» que anunciaron que la próxima gestión fiscalizará sus proyectos. No hay nada que lamentar. Fiscalizar no es una amenaza ni una campaña: es lo mínimo que debe pasar con el dinero de todos. Lo extraño sería lo contrario.
Hagamos entonces la pregunta que él no se hizo. Después de casi cuatro años de gestión, ¿qué obra regional de impacto puede mostrar Huánuco? El malecón Walker Soberón empezó con un presupuesto de S/ 11,9 millones y ya supera los S/ 51,4 millones; la Contraloría encontró S/ 3,7 millones gastados de más frente al avance real. En febrero, el propio Gobierno Regional reconoció demoras y falta de presupuesto en Monopampa, Castillo Grande y los cuatro carriles. Y la línea de conducción de agua de S/ 103 millones, la que debía salvar a la ciudad del canal que se rompe una y otra vez, figura hoy como «desactivado permanente», sin expediente técnico y sin un sol asignado. El Gobierno Regional era su unidad ejecutora.
Con ese balance, la urgencia por Viña del Río dice mucho. La obra empezó el 26 de agosto, a cuatro meses del cambio de mando. Su avance al cierre de septiembre era de 6,6 %. Terminará en febrero de 2028, cuando Pulgar ya no esté. La licencia municipal seguía observada en septiembre y, según admitió su propio equipo, falta el permiso de la Autoridad Nacional del Agua. La Contraloría advirtió que el plan de árboles contempla talar 95 y trasladar 112. El gobernador lo niega, pero su gerente reconoció que en plena ejecución «no se descarta» talar.
Eso no es amor por Huánuco. Es apuro. Y el apuro en obra pública, a fin de gestión, siempre obliga a preguntar a quién beneficia. No afirmamos lo que no podemos probar. Pero sí exigimos lo que corresponde: que se publiquen los permisos, el plan de conservación completo y el detalle de cada pago. Si todo está en regla, mostrarlo no cuesta nada.
Tampoco aceptamos la idea de que los vecinos de la laguna son los únicos con derecho a opinar. Viña del Río es de toda la ciudad. Los ambientalistas, los colegios profesionales y la prensa que preguntan no están «en contra del desarrollo». Están haciendo su trabajo.
«Acá no nos van a quebrantar ni periodistas ni población», dijo el gobernador. Nadie pretende quebrar a nadie. Lo que Huánuco pide es más simple y más difícil: obras terminadas, cuentas claras y autoridades que escuchen. El amor por esta tierra no se proclama en una conferencia. Se demuestra con hechos, y los hechos todavía están en deuda.










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