Siendo exactamente las siete de la noche, hora en la que mando este artículo para su publicación, de acuerdo con el conteo de la ONPE al 80 por ciento de actas, Roberto Sánchez, del partido Juntos por el Perú, lidera esta primera vuelta electoral con un 50.119 por ciento, seguido de Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, con un 49.881 por ciento. Pese a que tanto las encuestadoras Ipsos como Datum dieron en boca de urna a la candidata del fujimorismo y, posteriormente, al candidato de la izquierda en el conteo rápido, varios analistas, tanto en redes como en medios de comunicación, vienen hablando ya de una posible remontada de la candidata naranja, tomando en cuenta el amplio margen de ventaja que obtendría de un voto que, desde Lourdes Flores y Alan García en 2006, no era protagónico: el voto de los peruanos en el extranjero.
Hasta el momento, las actas favorables a Sánchez vienen entrando desde La Convención, en Cusco, y Loreto, lo que le da un margen a nivel nacional de 40 mil votos de ventaja, los mismos que se deberían ver casi igualados si tomamos en cuenta no solo el extranjero, sino también las actas observadas. Ayer por la noche, un día después de las elecciones del domingo 7 de junio, Alfredo Torres, de la encuestadora Ipsos, salió en un medio de comunicación nacional a decir que, según varios cálculos y estimaciones, sería finalmente Keiko Fujimori la ganadora de los comicios. Dichas declaraciones han generado controversia al percibirse como un desconocimiento de sus propios resultados, justificándose hasta el momento en un margen de error de ±1.9 por ciento.
Y es que este escenario supera con creces lo vivido en el año 2021. Esto, en esencia, porque, a diferencia de Pedro Castillo, que con casi el 96 por ciento de los votos ya sacaba una diferencia de 140 mil, actualmente Roberto Sánchez no ha logrado pasar la valla de los 40 mil. Según la data con la que se cuenta, Sánchez ha logrado mejorar los números de Castillo en varios lugares de Lima y el norte, normalmente bastiones fujimoristas, pero no ha logrado mejorar los de Castillo en plazas del sur y hasta en el mismo Cajamarca. Por otro lado, Keiko ha conseguido, aunque no lo parezca a simple vista, mejorar sus resultados en el centro, el sur y Loreto, sumándole a eso la fuerte presencia en el voto extranjero, aunque en este caso con un nivel de ausentismo que también se va midiendo conforme van llegando las actas.
Con todo lo dicho hasta el momento, el final es de pronóstico reservado, pero con una preponderancia estadística a favor de la candidata de la derecha, que, después de 20 años de haber perdido elecciones frente a candidatos como el nacionalista Ollanta Humala, el derechista Pedro Pablo Kuczynski y el izquierdista Pedro Castillo, tendría ahora como rival al sucesor de este último, quien posiblemente sea el candidato que logre ser derrotado por el fujimorismo. Con eso, estaríamos nada más y nada menos que ante el regreso del partido político que, desde los años 90 hasta el año 2000, gobernó con puño de hierro, corrupción, golpes de Estado y un claro signo dictatorial que, si no hubiera sido por los vladivideos y la transición, hubiese buscado perpetuarse por lo menos hasta el año 2005.
Hay mucho que decir respecto a la última semana de campaña. El relato fraudista de Renovación Popular y de su candidato, Rafael López Aliaga, retrasó el inicio formal de la segunda vuelta, siendo el principal error de la campaña de JP no haberse activado con la ruta electoral hasta asegurar el pase a esta instancia. Este tiempo muerto en Lima, seguido de una serie de viajes maratónicos del candidato, podría explicar, en parte, la reducción en ciertas plazas que en 2021 respaldaron masivamente al candidato de Perú Libre. Aun así, más allá de los datos que se vienen analizando, será finalmente el conteo de la ONPE el que dé las cifras oficiales que confirmarán o desmentirán las estimaciones.
Eso sí, debo decir que, pese a los errores, la campaña de JP, desde mi perspectiva, fue más que esperanzadora en muchos aspectos, siendo destacable la confluencia de partidos como Ahora Nación, Obras y Primero la Gente. Una de las pocas veces en que partidos del centro y la izquierda provinciana confluyeron en un solo objetivo: evitar a toda costa el regreso del partido de la dictadura. Creo que, se ganen o no las elecciones, dicha confluencia no debe morir con la segunda vuelta, sino que debe continuar como un bloque unificado tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados. Si el fujimorismo ha de volver al gobierno, pues no debe volver a un parlamento de tránsfugas, sino a un Congreso que le pueda hacer frente desde cada espacio posible.
Vergonzosos y tristes fueron, desde mi perspectiva, los últimos días de Jorge Nieto Montesinos, del Partido del Buen Gobierno. Desde este espacio hemos sido críticos de su papel al presentarse desde ese púlpito moralizador que promovía el voto viciado ante el riesgo del retorno de la herencia de la dictadura de los 90, pero dicha crítica se podía hacer al menos desde un cierto reconocimiento de su conexión con el electorado. Eso sí, su última intervención previa a la segunda vuelta en el programa Brutalidad Política, del influencer Víctor Caballero “Curwen”, lo terminó de pintar de cuerpo entero. El terruqueo fue, desde luego, su principal argumento y, desde ahí, creo que su afán de protagonismo terminó por consumirlo hasta el último momento. Veremos, pues, si será al final el líder de una oposición que le haga frente al nuevo gobierno o, como ya nos tiene acostumbrados, alguien que buscará acomodarse a la coyuntura que más le convenga.
Sin llegar a caer en una narrativa fraudista, puedo decir que viene siendo particularmente sospechosa la participación del embajador norteamericano Bernie Navarro, el mismo que presionó para la compra de aviones militares F-16 al presidente José Balcázar. Alfil de Donald Trump que, ciertamente, se presentó como observador internacional, interviniendo abiertamente en la política de un país soberano y donde, no me sorprendería, podrían detectarse ciertas irregularidades en los Estados Unidos, abiertamente fuera de sus funciones. Eso sí, hasta el momento todo parece estar dentro de los márgenes legales, por lo menos a simple vista.
Con todo lo dicho y sin importar quién vaya a segunda vuelta, es importante frenar cualquier intento de fraudismo que venga de los sectores más reaccionarios de la política nacional e incluso desde la misma izquierda. Ya se intentó una vez, en el año 2021, desconocer el voto de los más pobres y del sur del Perú y, con esa experiencia adquirida, no se puede permitir que algo así se repita, beneficie a quien beneficie. Sea cual sea el resultado, el voto del pueblo es algo que debe respetarse en todo sentido y esperemos que finalmente las entidades electorales puedan terminar su trabajo sin tener que verse presionadas por fuerzas ajenas al proceso. Será tarea de todos, finalmente, estar atentos y vigilantes a los resultados finales.









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