Un sismo de magnitud 7,2, localizado a 35 kilómetros al norte de Coracora (Ayacucho) y a 108 kilómetros de profundidad, sacudió el territorio peruano y reavivó el interés por la dinámica telúrica en Sudamérica. El evento ocurrió tras registrarse sismos de 7,4 en Colombia y potentes sacudidas superficiales en Venezuela, lo que generó dudas sobre un posible vínculo entre cada episodio.
El fenómeno responde a la interacción entre las placas de Nazca, Sudamericana y del Caribe en la franja andina. Ese proceso de subducción desplaza la litosfera oceánica bajo el continente y origina múltiples fallas con distintas profundidades de ruptura, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) precisa que "el arco tectónico asociado a Nazca se extiende por más de 7.000 kilómetros".
Especialistas descartan una reacción en cadena
Especialistas descartan un vínculo causal entre los sismos registrados en los tres países, a pesar de su cercanía temporal. Arancha Izquierdo, experta del Instituto Geográfico Nacional de España, aclaró a El País que la coincidencia de fechas no implica una reacción en cadena. A su vez, el docente Carlos Alberto Vargas, de la Universidad Nacional de Colombia, ilustró la autonomía de cada fenómeno: "Tienes dos tablas de madera sometidas a un esfuerzo. Una romperá y no necesariamente es la causa o el efecto de la otra".
En la misma línea, Arturo Belmonte, doctor en sismología de la Universidad de Concepción, fue tajante al ser consultado por T13: "No, definitivamente no hay ningún vínculo, es decir, al menos no está observado". El especialista recordó que en Indonesia "uno podía observar algunos nexos", pero descartó esa posibilidad para Sudamérica y respecto a los movimientos registrados en las últimas semanas.
"Definitivamente no, no hay elementos para generar esos vínculos a pesar de esta observación de que había un evento en Venezuela, Colombia, ahora Perú. Eso es lo que yo le puedo indicar", señaló Belmonte.
Origen y profundidad: las diferencias clave
El origen tectónico y la profundidad marcan un contraste definitivo entre los eventos sísmicos sudamericanos. El temblor peruano se originó a 108 kilómetros bajo la superficie por la subducción de la placa de Nazca, que converge con el continente a 70 milímetros anuales, según USGS. Por su parte, el foco telúrico en territorio colombiano alcanzó los 100 kilómetros de profundidad, dentro de una intersección compleja donde también interviene la placa del Caribe.
La actividad geológica venezolana responde a un comportamiento diferente, con fallas transformantes y desplazamientos laterales en el norte. Esta dinámica genera movimientos mucho más superficiales, lo que altera de forma directa el impacto sobre la población. Para explicar la propagación según la distancia del hipocentro, Izquierdo señaló que "si tiras una piedra en el agua y estás muy lejos, el círculo que abarca es mucho más grande".
El Instituto Geofísico del Perú (IGP) explicó que la actividad sísmica peruana está asociada al proceso de subducción, donde la placa de Nasca se introduce por debajo de la Suramericana, acumulando energía en las profundidades del continente. En tanto, el terremoto de Colombia también compartió un origen de subducción, pero con dinámicas locales independientes, mientras que los eventos en Venezuela obedecieron a un mecanismo de rumbo por el desplazamiento lateral entre las placas Caribe y Suramericana.
El Anillo de Fuego y la complejidad geológica de la región
La franja occidental de América integra el Anillo de Fuego, donde la subducción de Nazca impulsa el levantamiento de los Andes, la actividad volcánica y constantes movimientos telúricos. De acuerdo con USGS, los procesos de convergencia varían a lo largo del continente, moldeando tanto la corteza terrestre como los sismos. Al respecto, Vargas señaló a El País: "Desde Chile hasta Alaska, todo pasa por el cinturón de fuego del Pacífico".
Colombia destaca por su alta complejidad geológica tras la interacción de Nazca, Sudamérica y el Caribe. En esa zona se ubica el nido sísmico de Bucaramanga, un área con profunda concentración de sismos que registra aproximadamente 40 eventos diarios y representa el segundo punto con mayor liberación energética global. No obstante, el medio español aclara que dicho fenómeno no guarda relación con el evento telúrico del pasado 10 de agosto.
Un contexto de sismos devastadores
El caso peruano llega apenas diez días después de que Colombia sufriera uno de los sismos más devastadores de su historia reciente. El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, dejó edificios colapsados en Pereira, Cali, Manizales y Armenia, además de cientos de fallecidos y desaparecidos. Según la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, el balance oficial reporta 239 personas fallecidas, 3.755 heridos y 287 personas cuyo paradero se desconoce. Más de 45 mil viviendas están averiadas y más de 9 mil destruidas, con la mayoría de víctimas en Valle del Cauca, Risaralda y Chocó.
Y todavía más atrás, el 24 de junio, Venezuela fue sacudida por un doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5, con epicentro entre Yaracuy y La Guaira. El sismo principal derrumbó edificios en Caracas y en la zona costera, dejó miles de víctimas mortales —más de 6.400 según cifras oficiales— y obligó incluso a Estados Unidos a ampliar autorizaciones para canalizar ayuda humanitaria hacia el país.
Los tres eventos no están conectados directamente entre sí, pero comparten geografía: ocurren sobre el mismo corredor de fallas donde interactúan las placas de Nazca, Caribe y Sudamericana, una de las zonas de mayor actividad tectónica del planeta. Que Perú, Colombia y Venezuela hayan registrado sismos de gran magnitud en un lapso de menos de dos meses no significa que estén relacionados como causa y efecto.
La prevención como prioridad
Finalmente, aunque el análisis tectónico identifica áreas de amenaza, no es posible predecir la fecha ni el momento exacto de un temblor. La energía acumulada en las fallas se libera repentinamente cuando cede la resistencia rocosa, por lo que los expertos priorizan la prevención mediante infraestructura sismorresistente y planificación urbana. Ante aquella realidad, Izquierdo advierte que el desafío consiste en "asumir que la vulnerabilidad se construye en la superficie", mientras Vargas sostiene que las políticas públicas no deben ser "meramente reactivas".
El propio presidente ejecutivo del IGP, Hernando Tavera, ha señalado que el país concentra más del 80% de los sismos que se registran cada año en el planeta, producto de la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana. Las autoridades peruanas todavía evalúan posibles daños materiales derivados del temblor mayor y piden a la población mantenerse atenta ante la posibilidad de réplicas. Por ahora no hay reportes confirmados de víctimas.










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