El aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat transportó 17,26 millones de personas entre junio y agosto, un 4,6% más que en el mismo periodo del año anterior, según datos de AENA recogidos por La Vanguardia. La infraestructura lleva dos veranos consecutivos superando su tope técnico de capacidad y todo apunta a que este no será el último.
El año pasado el aeropuerto ya había rebasado su límite teórico de 55 millones de pasajeros anuales, al alcanzar los 57,5 millones. La presión sobre la infraestructura dejó de ser una excepción para convertirse en lo habitual.
Las low cost, motor del crecimiento
El aumento del número de viajeros se explica en buena medida por el segmento de bajo costo, cuyo crecimiento se acelera especialmente en verano. Ryanair y Wizz Air lideraron el alza y alcanzaron una cuota conjunta que ronda el 62%, dos puntos más que el año anterior. Si se suma Vueling, ese trío de aerolíneas movió 10,69 millones de personas, un 7,28% más que en 2025.
La aerolínea que más aceleró en Barcelona fue la húngara Wizz Air, con un aumento del 39,2% frente a junio y agosto del año anterior. Alcanzó los 1,12 millones de pasajeros y una cuota de mercado del 6,5%, fruto de su despliegue y expansión. La irlandesa Ryanair movió a 2,8 millones de personas en el trimestre de verano, un 6,4% más, con una cuota del 16,22%. Vueling trasladó a 6,77 millones, un 3,7% de aumento y una cuota que ronda el 40%; la compañía ya programó un millón de asientos más para todo el año solo en Barcelona.
El caso de El Prat ilustra cómo la capacidad física de los aeropuertos y el crecimiento comercial de las aerolíneas avanzan a ritmos distintos, un desafío para gestores y administraciones. Barcelona y Madrid son dos ejemplos de saturación, pero hay casos opuestos muy cerca, como el de Ciudad Real, con una infraestructura relativamente nueva e infrautilizada.
La ampliación, lejos
La solución estructural, con una nueva pista y una terminal satélite, está prevista para la horquilla 2032-2036, dentro del DORA IV. Hasta entonces solo habrá obras preparatorias. Mientras tanto, El Prat probablemente opere saturado durante años, con riesgos para la calidad del servicio, la puntualidad y la gestión de slots.
Aena ya toma medidas para reducir esa presión: una inversión de 1.760 millones de euros en los próximos cinco años, aprobada en el Documento de Regulación Aeroportuaria 2027-2031 (DORA III), destinada a reconfigurar las terminales T1 y T2. El plan contempla ganar espacio en la T1 moviendo la fachada y derribar la vieja torre de control para sumar 70.000 metros cuadrados cubiertos, además de construir una nueva calle de salida y renovar otra. No es una pista más ni la terminal satélite, pero tendrá que servir hasta dentro de al menos un lustro.
El contraste con Girona
Barcelona tiene un vecino con hueco para operar: Girona perdió un 2,36% de pasajeros en el trimestre estival, el periodo estrella para los viajes. La razón está en el tira y afloja entre Ryanair y Aena por las tarifas aeroportuarias; la irlandesa reduce asientos un 11% allí. Como la empresa de Michael O'Leary controla el 70% de la cuota de mercado del aeropuerto de Girona, el efecto es contundente.









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