El sargazo que cada temporada invade las playas del Caribe mexicano dejó de tratarse como basura. El gobierno federal y las autoridades de Quintana Roo pusieron en marcha una estrategia que combina la recolección en alta mar, la reclasificación legal del alga y el fomento a empresas que la transforman en productos como hormigón, textiles, sandalias biodegradables, biogás y fertilizantes.
La presidenta Claudia Sheinbaum explicó, en declaraciones recogidas por El Universal, que tras recolectarlo en altamar distintas empresas locales lo reciclan. El sargazo también sirve como materia prima para extraer compuestos químicos usados en las industrias alimenticia, farmacéutica, cosmética y textil.
De residuo a recurso
El cambio de estatus legal fue clave: en México estas algas ya no se consideran residuos, sino un recurso, lo que habilita jurídicamente su aprovechamiento. Sobre esa base, el plan oficial articula la recolección en el mar con el trabajo de compañías que le dan un segundo uso.
La estrategia no se limita al discurso. Según CNN, hay empresas concretas sacándole partido al sargazo: CarbonWave lanzó un extracto agrícola y un emulgente cosmético; Sargazo Sandals fabrica calzado biodegradable; Nopalimex tiene la patente para producir biogás a partir del alga; y EcoColor la usa para hacer lápices de colores.
Un problema sanitario y económico
Más allá de la incomodidad de encontrar algas varadas en la orilla, el exceso de sargazo golpea al turismo y a la pesca. Al descomponerse, genera gases tóxicos como el metano o el ácido sulfhídrico, lo que provoca malos olores y daña los ecosistemas marinos, según documenta un estudio de la Universidad del Sur de Florida.
Convertirlo en materia prima para la industria reduce ese residuo ambiental y abre una vía de ingresos bajo un modelo de economía circular. El fenómeno, sin embargo, no es nuevo ni exclusivo de México: la mancha visible desde el espacio, conocida como el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo, empezó a formarse en 2011.
Un estudio del Instituto Max Planck atribuye su crecimiento descontrolado en los últimos años a la fijación de nitrógeno y al afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes, agravados por el aumento de las temperaturas. El mismo trabajo señala que hipótesis anteriores, como la del aumento de nutrientes por la deforestación del Amazonas, no explican por sí solas el crecimiento observado.
La dimensión del fenómeno
Los números ayudan a dimensionar el problema. Solo en julio se registraron cerca de 27 millones de toneladas de sargazo capaz de reproducirse, según el informe del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, y los científicos prevén que este 2026 se registre la segunda mayor cantidad del alga en el Atlántico, el Caribe y el golfo de México.
En julio pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un plan integral para atender el problema, que incluye destinar 2.000 millones de pesos (unos US$ 118 millones), incorporar buques de la Secretaría de Marina para recolectar el alga antes de llegar a las playas y fortalecer la coordinación con la iniciativa privada.
Desde el Gobierno de Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama señaló que la incorporación de un nuevo buque sargacero permitirá duplicar la capacidad de recolección en altamar, que actualmente alcanza las 624 toneladas diarias, con el objetivo de evitar el arribo del alga a las costas. La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, subrayó que el fenómeno, intensificado por el cambio climático, tiene una dimensión global que abarca desde el Atlántico hasta las costas de África.
Monitoreo satelital y nuevas plantas
La respuesta oficial también se apoya en tecnología. El Centro de Monitoreo Ambiental y de Sargazo (CEMAS) procesa imágenes satelitales para anticipar el arribo de la macroalga y fortalecer la toma de decisiones operativas. Su director, Esteban Amaro Mauricio, y el contralmirante Topiltzin Flores Jaramillo, de la Semar, explicaron que esa información se comparte con la Secretaría de Marina y otras instituciones para una respuesta más oportuna.
En paralelo, especialistas de la UNAM intensifican el monitoreo con tecnología satelital y modelos predictivos desde el Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT). El trabajo se realiza con imágenes gratuitas del Sentinel-2, actualizadas cada cinco días, y abarca la costa de Quintana Roo, así como Belice, Guatemala y zonas cercanas de Honduras, territorios por donde primero transitan las manchas antes de llegar a México. Para periodos sin imágenes se aplican modelos que consideran corrientes oceánicas, viento y oleaje.
Bárcena anunció además como prioridad la instalación de un Parque de Economía Circular en Puerto Morelos, orientado a transformar el sargazo en insumos aprovechables, como pellets industriales.
Las limitaciones del aprovechamiento
Tener algo de esta alga en la playa es beneficioso: sirve de hábitat para tortugas, cangrejos y peces y ayuda a la formación de las playas. El problema, según la fuente, está en el exceso. El sargazo absorbe metales pesados como arsénico, mercurio y cadmio del mar; por ello no es apto como alimento animal y puede contaminar acuíferos si se deposita en sitios no autorizados, según advirtió la UNAM.
Aprovecharla tampoco es sencillo. El sargazo contiene bastante arsénico, por lo que no se puede usar para cualquier cosa: antes es imprescindible limpiarla y certificarla, lo que tiene un costo. Además, su aprovechamiento ayuda a reducir la acumulación presente y futura, pero no revierte el daño ecológico ya causado, por ejemplo al erizo Diadema antillarum.
Las autoridades han colocado barreras de contención en 90 kilómetros del litoral para frenar la llegada del sargazo, pero ese sistema resulta insuficiente ante la magnitud del problema: cuando el alga se descompone, parte de la biomasa se hunde y cruza por debajo de las barreras, provocando la llamada “marea marrón”. El equipo de la UNAM ha reunido un acervo de cuatro mil 700 imágenes de la región para comprender la evolución del fenómeno.










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