El Gobierno del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció este viernes la prohibición en el país de las casas de apuestas deportivas, principales patrocinadores del fútbol, durante un acto en São Paulo en el que el mandatario estuvo acompañado por varios de sus ministros.
La medida materializa el veto de las llamadas 'bets', descrito por Lula como "una prohibición definitiva" que engloba "todos los tipos de apuestas digitales", así como la publicidad de las empresas del sector. Según informó el ministro de Hacienda, Dario Durigan, en la ceremonia, Lula también enviará al Parlamento, en régimen de urgencia, un proyecto de ley para tipificar la actividad en el código penal y "reforzar la represión del juego en el país".
El decreto que prohíbe las apuestas por internet entrará en vigor automáticamente cuando se publique en el Diario Oficial, aunque el Parlamento tendrá que convalidarlo en un plazo máximo de 120 días para mantener su validez.
Una bandera electoral en la recta final
Lula ha convertido el combate a las 'bets' en una de sus banderas electorales. Al sector le atribuye el crecimiento del endeudamiento de las familias y lo acusa de "estar destruyendo millones de hogares" al transformar "el vicio en beneficios" económicos.
Con el veto, el mandatario busca dar un golpe de efecto en la recta final de una carrera presidencial muy ajustada, para la que las encuestas lo sitúan en empate técnico con el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. La elección presidencial está prevista para el 4 de octubre.
Junto a la prohibición, el Gobierno anunció que ampliará su programa de renegociación de deudas para las familias, con la intención de tratar "préstamos más antiguos" e impulsar un mercado crediticio "más saludable".
El fútbol brasileño protesta por el impacto económico
La prohibición provocará una pérdida en la recaudación tributaria del Gobierno y de cuantiosos ingresos para los medios de comunicación y los clubes de fútbol. En 2025, la administración brasileña recaudó unos 9,000 millones de reales (US$ 1,700 millones), y en los ocho primeros meses de este año ya superó esa cifra, según el Fisco.
La semana pasada, cuando la prensa filtró que el Gobierno barajaba una posible prohibición, varios clubes del Campeonato Brasileño, como Palmeiras y Flamengo, alertaron en un comunicado conjunto titulado "el fin del fútbol" sobre el agujero que causaría en sus cuentas. Se estima que las casas de apuestas deportivas ingresan más de 1,000 millones de reales (casi US$ 200 millones) al año en patrocinios a los equipos de primera división masculina. Los clubes también advirtieron que el veto puede dar alas al mercado ilegal.
Un sector que creció desde 2018
Las casas de apuestas en línea experimentaron un crecimiento exponencial en Brasil desde que fueron legalizadas en 2018, durante el Gobierno de Michel Temer. Operaron sin regulación los años siguientes, coincidiendo con el mandato de Jair Bolsonaro, hasta que en 2023, ya con Lula en el poder, se reglamentó el sector, con la concesión de autorizaciones y el pago de impuestos. Actualmente operan 85 empresas en el país de forma legal.
Su rápida popularización, especialmente entre las capas pobres de la sociedad, encendió las alarmas en el Ejecutivo, que empezó a introducir restricciones. En 2025, cerca de 25 millones de brasileños apostaron 220,600 millones de reales (US$ 42,500 millones) en apuestas deportivas y casinos en línea, según datos oficiales.
El debate ocurre en medio de una crisis de deuda de los hogares brasileños. A julio, el 82% de los hogares tenía algún tipo de deuda, la proporción más alta desde que comenzó la serie en 2010, según la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo. Casi el 10% de la deuda pendiente de tarjetas de crédito acumulaba al menos 90 días de mora, un máximo histórico en los datos del banco central.










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