En el Delta del Paraná, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires, se encuentra El Ojo, una isla que llama la atención por su forma circular casi perfecta y por un detalle que la distingue: rota de manera constante sobre su propio eje. El fenómeno, lejos de ser paranormal, tiene una explicación científica vinculada al flujo del río que corre por debajo y a la erosión que pule sus bordes.
El Ojo pertenece al municipio de El Escobar y tiene un diámetro aproximado de 118 metros, que va disminuyendo con el tiempo debido a la erosión. Aunque está a poca distancia de la capital argentina, la isla se dio a conocer en 2016 gracias al cineasta Sergio Neuspiller. Imágenes satelitales de Google Earth confirman que ya existía en 2003, y hay testimonios y fotografías aéreas que apuntan a los años 80.
Una forma que se mantiene por rotación y desgaste
El movimiento de El Ojo tiene una explicación física: la isla gira sobre su eje por el flujo del río que corre debajo. Sus bordes exteriores rozan constantemente con el canal en un movimiento de cizalla que erosiona y pule la isla, manteniéndola casi circular. Esa misma erosión es la que explica que se espere que la isla vaya disminuyendo con el tiempo.
La física detrás de este fenómeno es similar a la de los discos de hielo giratorios que se forman en ríos fríos de todo el mundo, donde se combinan la rotación y el desgaste periférico. En 1997, un primer estudio planteó que la corriente del río crea un remolino bajo el disco que lo hace girar, y que ese giro pule sus bordes al rozar contra la orilla o el hielo cercano, según recoge Science Alert. Un dato que desconcertó a los investigadores durante años es que la velocidad de giro es independiente del tamaño: discos de 2 y de 80 metros rotan a un ritmo muy similar.
El mecanismo térmico detrás del giro
Años después, otros estudios explicaron mejor el motivo real del giro. Un equipo belga encontró un mecanismo térmico basado en la anomalía de densidad del agua, que alcanza su punto máximo a 4 °C: al enfriarse cerca del hielo, esa agua se hunde y genera un remolino bajo el disco. En 2025, un equipo de investigación de Singapur confirmó con simulaciones que ese mismo hundimiento de agua fría rompe el equilibrio del sistema y pone a girar el disco por sí solo.
Más allá de la curiosidad, el estudio de este mecanismo tiene relevancia científica: la combinación de convección térmica y cuerpos en movimiento también sirve para explicar procesos geofísicos más amplios, como la deriva continental o el volcamiento de icebergs.
Una expedición que no llegó a concretarse
El terreno fascinó a Neuspiller, quien describió el agua como "totalmente transparente" con un fondo de tierra negro, algo que consideró casi imposible de encontrar en el delta. Junto al ingeniero hidráulico Ricardo Petroni, montó un crowdfunding para una expedición científica que incluía bucear en sus aguas, analizar su suelo y plantas, y sobrevolarla con drones. Sin embargo, no alcanzaron el objetivo: requerían 50.000 dólares y apenas recaudaron una quinta parte.
Alrededor de la isla han crecido leyendas de avistamientos de ovnis o de barcos abandonados imposibles para el tamaño de su canal, relatos que la propia dinámica natural del lugar ayuda a explicar sin necesidad de recurrir a lo paranormal. La naturaleza puede generar geometrías casi perfectas mediante la combinación de rotación y erosión sostenida en el tiempo, como demuestran tanto El Ojo como los discos de hielo.
Por ahora, la expedición científica sigue pendiente de financiamiento y no hay una fecha confirmada para su realización, según la información disponible.







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