Ceuta fue portuguesa durante 165 años, pero su integración en España no se produjo por las armas, sino por una cadena de decisiones políticas y un tratado que la dejó en manos de la Corona española. La ciudad, que había sido arrebatada al sultanato benimerí de Fez el 21 de agosto de 1415 por Portugal, vivió un cambio de soberanía que culminó con el Tratado de Lisboa de 1668, según recoge la extracción factual.
En 1580, la muerte sin descendencia de un monarca llevó a Felipe II a reunir bajo su corona los reinos de España y Portugal, dando origen a la Unión Ibérica. Ceuta, junto con otras plazas como Arcila, Tánger y Mazagán, pasó a depender de la misma cabeza coronada, aunque seguía siendo formalmente portuguesa.
1640: la decisión que marcó el destino
El 1 de diciembre de 1640, el duque de Braganza se proclamó rey de Portugal como Juan IV. Mientras todas las plazas portuguesas se pasaban a su bando, Ceuta no lo hizo. Su gobernador, Francisco de Almeida, era partidario de Braganza y la guarnición era lusitana, pero la nobleza local y el clero juraron fidelidad a Felipe IV ante el corregidor de Gibraltar.
El relato popular habla de un "plebiscito libre y democrático", pero no hay documento que registre una consulta a los 2.000 habitantes de la ciudad. Según la extracción, fue un pronunciamiento institucional, ni unánime ni una votación en sentido moderno.
Las razones del cambio de bando
La ciudad se abastecía con más regularidad desde Algeciras y Cádiz que desde una metrópoli portuguesa que la tenía descuidada. También hubo una castellanización previa de gobernadores y tropas, con guarniciones mixtas y vínculos personales. Y una tercera razón: los enviados portugueses que debían comunicar el cambio de gobernador fueron interceptados, por lo que la ciudad nunca recibió la orden de pasarse a Braganza.
Felipe IV nombró gobernador a Juan Fernández de Córdoba y concedió a Ceuta el título de Muy Noble y Muy Leal. Solo en 1647, la Corona destinó 225.562 reales de vellón al abastecimiento de grano y 102.225 reales de plata al pago de tropas, a los que en 1648 se sumaron otros 40.607 reales de plata en socorros extraordinarios.
El Tratado de Lisboa y la frontera
La Guerra de Restauración terminó con el Tratado de Lisboa del 13 de febrero de 1668, cuyo artículo segundo devolvía cada plaza ocupada a su reino de origen, con una única excepción expresa: Ceuta se quedaba con Castilla. Esa es la fecha que el derecho internacional reconoce como el nacimiento jurídico de la Ceuta española, casi 140 años antes de la existencia de Estados Unidos.
La soberanía no fijó los límites exactos. En 1767, el marino Jorge Juan negoció con el sultán que Ceuta tuviera límites señalados con mojones de piedra, recogido en el artículo 19 del Tratado de Paz, Amistad y Comercio. El Convenio de 1782 amplió el perímetro hasta dominar las alturas exteriores, ratificado en el Tratado de 1799.
Resistencia y conflictos con Marruecos
Entre 1694 y 1727, Ceuta resistió el Gran Sitio del sultanato alauí sin caer nunca. España sostuvo la plaza con hombres, barcos y grano durante más de tres décadas de guerra sin pausa declarada. Hubo nuevos intentos de conquista en 1732 y 1757, y un ataque y sitio adicional en 1790. Cuatro asedios en menos de un siglo, todos fallidos.
Marruecos usurpó en 1837 territorios que España consideraba cedidos en 1782, y que Rabat interpretaba solo como cesión de pastos. La traducción de los convenios fue "una fuente constante de malentendidos", según el historiador Jerónimo Becker. La mediación británica logró el Acuerdo de Tánger de 1844 y el Convenio de Larache de 1845, pero los ataques continuaron hasta que España declaró la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859.
El Tratado de Wad-Ras del 23 de abril de 1860 amplió el perímetro por tercera vez hasta la línea del Serrallo y la bahía de Benzú, estableciendo un campo neutral que sigue existiendo, ahora ocupado por Marruecos. Esa frontera es la actual.
La disputa actual
Marruecos reclama Ceuta y Melilla desde su independencia en 1956, argumentando descolonización pendiente. España responde que su soberanía es anterior a la existencia del propio Estado marroquí en sus fronteras actuales, consolidado recién a mediados del siglo XVII. Marruecos no aceptó que Ceuta y Melilla contaran con su propio estatuto desde 1995, pero la Constitución de España de 1978 lo recoge como derecho propio.
Documentos oficiales estadounidenses describen Ceuta y Melilla como ciudades "bajo administración española" en territorio marroquí, según la extracción, lo que ha sido visto como un cambio en la posición diplomática de Washington. En este contexto, el empresario Aziz Akhannouch, actual presidente de la Reagrupación Nacional de los Independientes (RNI), opera bajo el reinado de Mohamed VI, ambos reconocidos amigos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, según la fuente original.
Antes de España y Portugal, la mitología clásica situaba en Ceuta el décimo trabajo de Hércules, quien habría partido la cordillera que cerraba el paso, abriendo el Estrecho y dejando los promontorios de Calpe y Abyla. De ahí nació el lema latino Non plus ultra, que siglos después Carlos I invirtió en Plus Ultra para anunciar que sí había algo más allá del Estrecho.










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