La relación entre Canadá y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. Los aranceles impulsados por Donald Trump, sus exigencias de concesiones económicas y sus reiteradas referencias a convertir a Canadá en el estado número 51 llevaron al gobierno de Mark Carney a buscar alternativas para reducir la dependencia de Washington. Según la agencia AP, alrededor del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino Estados Unidos.
En ese escenario surgió una propuesta inédita desde Bruselas. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, planteó esta semana que Canadá se convierta en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea. La categoría no existe actualmente en los tratados comunitarios y todavía debe ser definida. De acuerdo con EFE, la iniciativa pretende ir más allá del actual Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) y crear una "Alianza para el Futuro" en ámbitos como comercio, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, espacio y seguridad económica.
La respuesta de Carney desde Estrasburgo
Carney recibió la propuesta durante su visita a Estrasburgo y la respaldó ante el Parlamento Europeo. El primer ministro canadiense aclaró que su país no busca convertirse en miembro pleno de la UE, sino construir una relación que le permita ampliar sus opciones económicas y estratégicas.
"Nadie nos va a decir qué idioma hablamos. Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos firmar acuerdos internacionales"
Además, EFE apuntó que Carney considera que la nueva relación debe servir para "asegurar la autonomía estratégica" de ambas partes.
La reacción de Trump elevó inmediatamente la tensión. Según La Nación, el mandatario estadounidense calificó la propuesta de "ridícula" y advirtió que, si consideraba que el acercamiento entre Canadá y Europa constituía un "acto hostil", podría imponer "aranceles muy elevados" al bloque o incluso dejar de comerciar con Europa en determinados ámbitos.
Un acercamiento que no parte de cero
Canadá ya se convirtió este año en el primer país no europeo en incorporarse al programa SAFE de adquisiciones de defensa de la UE, mientras Ottawa y Bruselas han avanzado en conversaciones sobre energía, minerales críticos, inteligencia artificial y comercio digital. La cumbre bilateral prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal será el escenario para precisar el alcance de la propuesta.
Para el internacionalista Jorge Chávez Mazuelos, la propuesta europea debe entenderse dentro de un proceso más amplio de diversificación canadiense. La fuerte dependencia económica respecto de Estados Unidos hace que cualquier ruptura sea costosa para Ottawa, pero también genera incentivos para buscar nuevos espacios de cooperación.
"Canadá sabe que Estados Unidos tiene la capacidad de aplicarle sanciones severas"
Por ello, considera que la estrategia de Mark Carney consiste en "tratar de no ceder y tratar de diversificar su juego", de modo que Canadá pueda ampliar sus alternativas sin precipitar una ruptura comercial de gran magnitud.
El especialista considera que la reacción estadounidense también tiene una dimensión geopolítica. Un mayor acercamiento entre Canadá y la UE no solo reduciría la dependencia canadiense de Washington, sino que podría disminuir el poder relativo de Estados Unidos en una relación históricamente dominada por la potencia norteamericana.
"Se va a debilitar el poder relativo de Estados Unidos en esa vinculación con Canadá"
A su juicio, Washington busca mantener su capacidad para establecer las reglas de juego en el hemisferio occidental y observa con cautela la llegada de otros actores con capacidad de influencia.
Una lectura similar la tiene Daniel Béland, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad McGill. Según el académico, citado por AP, las políticas y la retórica del gobierno de Trump están llevando tanto a Canadá como a la UE a imaginar un escenario con menor dependencia del liderazgo estadounidense.
Límites del margen canadiense
Pero el margen de maniobra canadiense tiene límites. Estados Unidos continúa siendo su principal socio comercial y, por tanto, una ruptura tendría consecuencias económicas importantes para Ottawa. Para Chávez Mazuelos, esa realidad explica la estrategia de resistencia canadiense: ambos países podrían sufrir si la confrontación escala demasiado.
"Lo que piensa Carney es: 'Si cedemos abiertamente a las pretensiones de los Estados Unidos, vamos a hacer una ruptura comercial de mayor entidad. Yo voy a sufrir más, pero tú también vas a sufrir lo suficiente como para que te genere esos problemas a nivel político y económico'"
Para Francisco Belaunde, analista internacional, el deterioro actual tiene además una característica política. A su juicio, la relación entre ambos países ha alcanzado un nivel de tensión superior al de anteriores disputas debido, en buena medida, a la manera en que Donald Trump conduce sus relaciones con otros gobiernos.
"Con otro presidente no habría escalado hasta ese punto"
El analista considera que las medidas comerciales y las respuestas públicas del mandatario estadounidense han llevado el enfrentamiento con Canadá a un terreno que excede las diferencias económicas.
Mientras tanto, Carney ha decidido mantener una postura firme. Belaunde señala que Canadá está intentando abrir nuevos mercados porque reconoce que no puede sustituir rápidamente a Estados Unidos, pero considera que Ottawa tampoco está dispuesto a aceptar determinadas exigencias de Washington.
"Obviamente no va a poder reemplazar al mercado de Estados Unidos"
Sin embargo, explica que el gobierno canadiense considera que algunas de las condiciones planteadas por Trump constituyen líneas que no está dispuesto a cruzar.
Por tanto, la búsqueda de Europa tiene una doble dimensión. Por un lado, responde a una necesidad económica de diversificar mercados. Por otro, también funciona como una señal política de que Estados Unidos no constituye la única alternativa para Canadá.
"También hay una voluntad política de decirle a Estados Unidos que yo tengo otras cartas"
Esa aproximación coincide con el análisis publicado por AP, que señala que los aranceles, las exigencias económicas de Trump y sus referencias a Canadá como un eventual estado 51 están impulsando a Ottawa a buscar una relación económica, política y de seguridad más profunda con Europa.
¿Un conflicto que puede prolongarse?
La siguiente interrogante es cuánto más puede deteriorarse una relación que, pese a las tensiones políticas, continúa siendo esencial para ambos países.
Belaunde considera que todavía existe margen para que Washington incremente la presión, especialmente mediante nuevas medidas comerciales. Pero establece un límite: una ruptura diplomática completa entre dos países con vínculos económicos, sociales y geográficos tan estrechos resultaría difícil de imaginar.
"Ese sería el límite de Trump: poner aranceles"
Aun así, contempla la posibilidad de nuevas restricciones comerciales e incluso otras medidas políticas dirigidas contra funcionarios o intereses canadienses.
Para Chávez Mazuelos, el problema tiene una dimensión más estructural. La política comercial de Trump no se limita a Canadá, sino que forma parte de una estrategia estadounidense destinada a modificar sus relaciones económicas con distintos socios.
El especialista sostiene que esta tendencia también afecta a México, China y otros países que mantienen importantes vínculos comerciales con Estados Unidos. En el caso canadiense, eso significa que incluso una eventual negociación entre Ottawa y Washington no necesariamente resolvería el problema de fondo.
La cumbre bilateral prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal será el próximo escenario donde se precise el alcance de la propuesta europea y, con ello, el rumbo de una disputa que sigue abierta.










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