Alemania y Francia han acordado impulsar la producción europea de vehículos a cambio de relajar las normativas de emisiones que la Unión Europea impone a los fabricantes. Italia ya avisó de que apoyaría cualquier medida en este sentido. El acuerdo fue anunciado por el canciller alemán, Friedrich Merz, al término del Consejo Europeo del pasado viernes, quien lo calificó como "histórico".
Sin embargo, el desbloqueo de las normas atascadas aún debe superar el Consejo de la Unión Europea y la Eurocámara, y el texto debe formalizarse. Para aprobar un cambio en la normativa se necesita que 15 de los 27 Estados miembros, que sumen al menos el 65% de la población, den el visto bueno al texto, algo que no está garantizado.
Un giro en la agenda verde europea
A principios de esta década, la UE confirmó su agenda descarbonizadora y apostó por prohibir la venta de coches con motores de combustión a partir de 2035. La decisión se mantuvo, pero en los últimos años ganó fuerza la idea de que se había corrido antes de andar.
En 2025, los fabricantes debían rendir cuentas y se enfrentaban a multas milmillonarias: se calculaban las emisiones medias de la flota vendida y se sancionaba con 95 euros por cada gramo de CO2 superado y coche vendido. La barrera era 93,6 gr/km de CO2. Así, un fabricante que vendiera un millón de coches en Europa y superara el máximo en 10 gramos enfrentaría sanciones de 950 millones de euros. El Grupo Volkswagen afrontaba unas multas de 1.500 millones de euros.
Un acuerdo a última hora de los países aplazó la medida: el límite de emisiones se mantuvo, pero el cálculo se haría con la flota vendida entre 2025 y 2027, confiando en la llegada de coches eléctricos más baratos que rebajaran las emisiones medias.
En diciembre de 2025 se llegó a otro acuerdo que debe formalizarse. Los motores de combustión seguirían vivos bajo condiciones estrictas que solo benefician a los vehículos de lujo o premium: las emisiones para 2035 deben reducirse en un 90%, abriendo la posibilidad de que se vendan híbridos enchufables o coches movidos con combustibles sintéticos o hidrógeno. Ese 10% de emisiones permitidas debía compensarse con combustibles limpios, que sin embargo siguen emitiendo partículas contaminantes como óxido de nitrógeno (NOx) y partículas finas, peligrosas para la salud.
Qué cambia con el nuevo pacto
El acuerdo entre Alemania y Francia, al que Italia ya avisó que se sumaría, elimina la obligación de compensar ese 10% de emisiones, por lo que se podrían vender coches con motores de combustión que funcionen con cualquier tipo de combustible.
A cambio, se apoyaría la producción de coches made in Europe. Para que un vehículo sea etiquetado como europeo deberá tener un 70% de sus componentes fabricados dentro de la UE (excluyendo la batería) y el 10% de la batería deberá provenir de fuentes europeas.
Esa etiqueta dejaría fuera a países con acuerdos comerciales con la UE cuyas ventajas no son del todo recíprocas, como Marruecos. Serviría para definir qué coches pueden recibir ayudas a la compra o entrar en una teórica categoría eCar, una suerte de kei car japonés a la europea para abaratar los coches urbanos y permitir vender eléctricos con menos obligaciones en materia de seguridad.
Los intereses detrás del acuerdo
La industria alemana del automóvil, la más potente de Europa, no pasa por su mejor momento. El Grupo Volkswagen tiene aprobados 100.000 despidos en los próximos años y no descarta el cierre de hasta cuatro fábricas en Alemania.
Las ventas de Volkswagen, Mercedes y BMW dependían en gran medida del mercado chino, que se ha caído justo cuando las empresas afrontaban enormes inversiones en coches eléctricos que no se han vendido al ritmo esperado. Además, sus ventas en Estados Unidos se han resentido por los aranceles impuestos a los coches que llegan desde fuera.
Francia, por su parte, apuesta desde hace tiempo por un mayor proteccionismo para frenar el impulso chino y la producción fuera de las fronteras europeas que se beneficia de acuerdos económicos con la UE. El país presiona para crear la categoría eCar, donde podrían entrar el Renault Twingo, un futuro Dacia o el nuevo Citroën 2 CV.
España se ha mantenido firme en las exigencias medioambientales y su industria se está transformando para producir coches eléctricos, especialmente los más baratos. También se ha mostrado favorable a los postulados chinos, lo que le ha valido inversiones de compañías como Chery o Geely.










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