Por: Israel Tolentino
Pintar en este tiempo es el oficio más desolado, los buenos pintores y artistas que se valen de este lenguaje para decir algo, son escasos, rara avis. Erick Miraval (Huánuco,1982) es uno de esos pocos.
Erick, hace buena cantidad de años vive en Madrid, no llegó invitado ni le esperaba un departamento con un perro sobre el sofá. Poco a poco fue andando y delimitando su espacio, su cubo; actualmente es docente en la Universidad Complutense de Madrid.
A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta se había extraviado, decía Dante en el siglo XIII. Miraval presenta la exposición “Medio Tiempo”, ¿tendrá algo de este extravío?, ha recibido la mitad de la vida en pandemia, por lo tanto, puede considerársele en el medio de esta antigua aventura.
“Medio Tiempo” se titula la individual que ofrece esta vez y se inauguró el 8 de septiembre y va hasta el 7 de octubre en la galería Verónica del Hoyo y Colino en Madrid. Como dice el artista: La discontinua fisonomía del trazo presentes en varias de las obras expuestas parten de la conjunción de las líneas temporales de la madera y las huellas dactilares presentes constantemente en mi trabajo y mi vida.
De Erick Miraval artista y ser humano importa para esta región encontrar la presencia o negación de esta estadía.
Da dos pistas claves para entender su ligazón con su tierra natal: la madera, elemento que guarda en su interior las formas dactilares, las huellas de la memoria, del territorio. Se debe recordar que ha crecido viendo pasar y cargar los camiones llevando madera hacia Lima ¿cuánto de ese quiebre visual habrá calado desde entonces?, ha vivido entre Huánuco y Pucallpa una buena cantidad de años y ese debe haber sido un choque visual y emocional con ese elemento natural hoy depredado sin medida. Vivir en una de las regiones donde se extrae ferozmente la flora virgen y engendra modos de vida salvajes en comparación con la civilización occidental.
La pista dos, es su huella dactilar, es una reafirmación de su identidad y de su constante anhelo territorial, al fin de cuentas, su manera de dibujar y pintar es una reafirmación identitaria y de nostalgia territorial, nostalgia que obliga a comprometerse, a seguir adelante. La línea no es un alarde técnico, sino una medida, la longitud de su recorrido diario y la suma de todas las medidas de su media vida: Perú y España; Madrid, esa selva de concreto.
Las líneas marcan espacios donde crecen historias y sirven para guardar y separar las mismas. Volviendo a sus palabras: las imágenes son instantes o conjuntos de diversos momentos vividos u observados en los últimos años. Los tiempos recientes han partido la existencia en virtual y real.
En esta individual, a las pinturas y dibujos le acompañan fotografías familiares, ellas cumplen la parte del vínculo con su pasado Latinoamericano, peruano y huanuqueño. Una pista en sepia, el color de la tierra de sus primeros pasos.
“Medio Tiempo” es un estado liminal, puente, enlace, pasadizo, pared, alambrada, tapia… cada artista en algún estado de su proceso creativo ha tenido que ponerse en esos zapatos. Erick Miraval, es consciente de cada trazo, de cada pincelada, esa locuacidad es vital para el lugar donde se encuentra, donde no hay tiempo para el titubeo y los yerros.
La forma de sus imágenes son el límite entre ese paso de lo concreto a lo irreal, a lo virtual, son espacios no euclidianos, el sol no determina las sombras, es su ser pensante quien comanda, la necesidad de la imagen, del espacio enmarcado en el cuadro. Cada lienzo, cada trozo de papel son ficciones hechas con la mano.
Erick Miraval, nos confronta con cada imagen, como si el espejo donde se reflejan fueran los ojos nuestros y no ese objeto inerte enmarcado en la pared.
(Huácar, septiembre 2022).




