Por Israel Tolentino
Hay que ser ciegos para no advertir que las mejores creaciones artísticas que nos reserva en el futuro tendrán como materia fundamental el rico y vasto mundo de los Andes (Manuel Baquerizo Baldeón).
Con el acertado título: Describiendo a nuestro pueblo: contribuciones del arte de la familia Gonzáles a la narrativa visual peruana, se inauguró este martes 12 de julio, la potente exposición, curada por Juan Peralta en la galería Juan Pardo Heeren del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) en la capital.
Escribe el curador: Lo interesante de esto es el espíritu comunitario que posee y, por ende, su carácter instalativo cargado de expresividad y monumentalidad, producciones que sobrepasan el título de “arte popular”.
En las obras se pueden apreciar, el vertido de tradición y contemporaneidad; genealogía localizada en Aza (Huancayo) que se remonta al abuelo Abilio Gonzáles (Papacha de cariño), continuando por los hijos Julián y Germán Gonzáles, luego, los nietos, hijos de Julián: Javier, Pedro y Antonio, quienes continúan esa tradición y Antonio, quien le aporta nuevas formas para evidenciar esa espiritualidad hoy en día.
Se recuperan conocimientos y técnicas, parte del patrimonio inmaterial, escribe Giuliana Vidarte, en la publicación Ojo Dorado.
Hay un quiebre importante en la factura del arte peruano, luego de la dación del premio Nacional de Cultura a Joaquín López Antay, si bien en ese 1975, tuvo eco en artistas académicos como Felix Oliva, José Carlos Ramos, Charo Noriega, etc. Sería El indigenismo, con el fervoroso José Sabogal, el primer movimiento en prestarle atención a los Andes y al Arte Popular, luego, en 1936, la Peña Pancho Fierro, fundada por las hermanas Celia y Alicia Bustamante.
De este encuentro nacieron muchos de los importantes coleccionistas de lo que se llamó Arte Popular.
Este nuevo artista, aparte de su labor creativa, es uno que siega el trigo, cría los cuyes, camina por los cerros viendo el ganado, aporta la siembra, cura. Sus manos tienen cayos, su café lo bebe en un pocillo, sentado en una piedra y mirando la noche llegar; aprende filosofía con el perfume de la tierra, en el sabor del sudor, con la lluvia y el granizo, en el hambre, en la tuna y la miel, en la paciencia de la cosecha. Serán reivindicados artistas como: Hilario Mendívil, Georgina Dueñas, Sixto Seguil, Jesús Urbano Rojas, Delia Poma, Leoncio Tineo, Pedro Veli, Gedeón Fernández, Genoveva Nuñez, etc.
De muy niño tenía una necesidad irresistible/ de tocar con mis manos tus figurillas, escribe Antonio Paucar, confesando en ese verso la marca irreversible que lo llevó a empeñar su existencia al arte, una necesidad creciente e insatisfecha en ese momento; sin embargo, añade: Y como eran frágiles y no eran juguetes, / entonces los palpaba con mis ojos… un modo inocente de hallar en lo inaprensible un encuentro con lo visible, no era suficiente tocar, sino sentir lo invisible, los ojos palpan el interior y Antonio niño, mirando trabajar a su Papacha, descubría en las formas que sus manos fabricaban el alma de quien lo hacía, y en esa posesión, el espíritu que transmitía a las imágenes, alimentado así cada noche estrellada de luz, de memoria, oficio y compromiso.
Y de tus manos nacía y nacía continuamente toda una vida, /animales, y una infinidad de gentes diminutas. Otra vez, Antonio Paucar, nos cuenta, desde su mirada de niño, el espíritu que el abuelo Abilio insuflaba a sus imágenes, ese hálito captado y aprendido, un secreto. Un artista, frente a un niño, no esconde nada, en este contacto, muestra a Antonio el modo de darle vida a sus criaturas, esto mismo se repite en estos tiempos en la relación de Antonio y sus hijos Mayush y Abilio, dos niños que mirando obrar las manos de su padre, heredan ese espíritu dador de memoria.
Antonio Paucar, tiene la sensibilidad de mostrarnos en esa espiritualidad andina (entiéndase los andes atravesando nuestra América) un nivel estético que sobrepasa los cánones occidentales aprendidos en la academia; el maguey, la tela y el yeso vuelven a tener en su materialidad la voz que hacía falta para estos pueblos, como dicen en otros versos: Cada figura cuando se la une a una multitud de figuras/ siempre recobra mucho más fuerza y encanto, / así como el pueblo unido adquiere gran vigor.
Medio siglo luego, se puede afirmar que la profecía de Manuel Baquerizo está cumpliéndose al pie de la letra y se puede añadir, que quien ve en las artes la distinción de popular y culto, está por parecerse a la presidenta del congreso, María Alva, quien cree que se puede clasificar a los peruanos en indios y blancos.
La exposición de los hermanos Gonzáles, es el mejor ejemplo de la horizontalidad artística en que se encuentran las artes visuales hoy en el Perú.
Amarilis, julio 2022.




