INTOLERANCIA Y VACANCIA

Por Arlindo Luciano Guillermo

 

La democracia es respeto de acción y palabra, pluralidad, libertad de expresión, imperio de la ley y presencia de partidos políticos. La actitud más importante, en la sociedad democrática, es la tolerancia; es decir, aceptar conscientemente que nadie siente ni piensa igual, pero sí es posible coincidir y los acuerdos consensuados y colectivos de beneficio social. Por ejemplo, estamos de acuerdo que la corrupción daña el tejido social y la institucionalidad haciéndola precaria, frágil y vulnerable. Nadie, en nombre de la tolerancia, puede permitir y avalar la violencia contra la mujer, el abuso sexual, el feminicidio o el latrocinio descarado de los recursos del Estado. Es fatal y pernicioso aceptar deportivamente que un gobernante “roba, pero hace obras”; la vacancia de un presidente de la república puede ser políticamente incorrecto y golpista, pero legalmente tiene causales constitucionales. El presidente Castillo está sometido a la fiscalización del congreso, a la crítica y vigilancia de la prensa y a la opinión pública de los ciudadanos.

La congresista Patricia Chirinos dijo: “Tengo unas palabras que le quiero decir al presidente, de frente, mirándolo a los ojos y sin miedo, Pedro Castillo, vete al carajo”. Esta actitud sobrepasa los límites de la libertad de opinar y decir lo que se piensa. No se debe permitir que la grosería y la insolencia sean los argumentos políticos para el debate o la controversia con el presidente Pedro Castillo cuyas decisiones y actitudes generan incertidumbre, suspicacia y motivos para vacarlo. No ha logrado confianza, ni respaldo, porque es errático con funcionarios con rabo de paja y actuaciones discutibles que lindan con el delito y la confusión entre la vida pública y la privacidad. Insulta quien está con la inteligencia emocionalmente alborotada y cegada por la ira; no hay argumentos sólidos. La vacancia está en la agenda política. ¿Cómo saldrá: ileso o magullado el presidente Castillo? ¿Qué razones se impondrán para que la vacancia se concrete o, de no ser aprobada, salga fortalecido Pedro Castillo? Mandar al carajo al presidente es un acto flagrante de violencia verbal. ¿Debe quedar como una anécdota política lo de Chirinos? No es que Pedro Castillo sea un maestro rural, un rondero, un campesino, sino sus actitudes y decisiones erráticas en el gobierno; a eso se suma la revancha de los partidos políticos que perdieron las elecciones en segunda vuelta.

No hace lo correcto el presidente Castillo cuando responde airado a un periodista en Amazonas, que le preguntó si va a renunciar por las recientes reuniones privadas con empresarios que ganan buena pro o despachar asuntos de Estado en la casa de Breña y no en palacio de gobierno como manda la ley. Si Castillo (respirando profundamente) hubiera sido asertivo habría dicho lo siguiente: “Ese tema lo voy a aclarar oportunamente, pero ahora debemos atender a los damnificados del sismo”. Pero Pedro Castillo prefiere el tuit antes que la comunicación directa. Para ser insolente no se necesitan utilizar palabras vulgares; las actitudes pueden ser más groseras. En el mensaje a la nación (29-11-2021), el presidente Castillo dijo: “Condeno de manera firme y deslindo de cualquier acto de corrupción. (…) toda persona que traiciona mi confianza y se aprovecha del cargo debe ser investigada y sancionada ejemplarmente por la justicia”. Si eso es cierto, podríamos aplaudir la lucha contra la corrupción y un deslinde pertinente. Pero no ser autocríticos, no mostrar un gesto de grandeza moral es intolerable; nadie en el poder político es perfecto ni infalible, salvo que el gobernante de facto (que jamás desearíamos para el Perú) sea un dictador, quien sí se cree todopoderoso. Cometer errores y corregirlos es la lógica democrática; de eso nadie escapa ni se exonera.  

El presidente Castillo debe tomar en cuenta a Francisco Miró Quesada Rada: “Sí, rendir cuentas de lo que hace o no hace un gobernante es una característica central de la democracia y, sobre todo, de la democracia moderna, porque cuando no se rinde cuentas se afecta otra característica de esta: la transparencia”. (El Comercio, 30-11-2021). Ser crítico implacable, sin conceder un centímetro, incisivo, no es intolerancia ni perversidad, pues lo que se busca es advertir que algo no se está haciendo bien o correctamente; además, es el derecho de ejercer la libertad de expresión y el pensamiento crítico. La prensa independiente, democrática, informada, objetiva y prospectiva es una piedra en los zapatos del poder. La tolerancia política significa convivencia democrática, respeto del pensamiento ajeno, búsqueda de consensos y coincidencias conservando los principios y la integridad. Ser oposición no es liquidar al otro ni despojarlo de autoridad ni investidura. El presidente Castillo ha dado muestras de decisiones políticas relevantes al desembarcar a ciertos funcionarios cuestionados que no le sumaban y un viraje constante hacia el centro político desde donde podría gobernar, construir una firme gobernabilidad y sembrar confianza ciudadana, antes que pelearse gratuitamente con la oposición achorada y herida por la derrota electoral. Falta en el gobierno de Castillo un actor que replique el milagro de fray Martín de Porras. La sensatez política, la actitud asertiva y las correctas decisiones del presidente Castillo deben dar la pauta de la agenda pública donde se priorice vacunación y evitar una tercera ola del Covi-19, el retorno a las clases presenciales, lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana, reactivación económica y generación de empleo; esa es la agenda urgente. Los precios en los mercados de abastos es el mejor termómetro de cómo va la economía y la liquidez. La vacancia contra Pedro Castillo empezó, como con PPK y Martín Vizcarra en su momento, el 28 de julio de 2021; hoy el plan se echó a andar y ronda en palacio de gobierno como cuervos felices.