- Tener posibilidad de disfrutar de una actividad sexual reproductiva con un equilibrio entre ética personal y social.
- Poder ejercer la sexualidad sin temores, vergüenzas ni culpas, es decir, sin factores psicológicos y sociales que interfieran con las relaciones sexuales.
- Poder ejercer la actividad sexual sin trastornos orgánicos, enfermedades o alteraciones que la entorpezcan.
“Fuera de la norma”
Los seres humanos, a lo largo de su vida, tienen que encajar en su personalidad cambios que se relacionan con su sexualidad. Entre los más complejos se encuentran la orientación y la identidad sexual y, aunque nuestra sociedad aparentemente es tolerante, la realidad es que las personas que se muestran “fuera de la norma” sufren con mucha frecuencia ansiedad y depresión en su propio proceso de aceptación sexual, siendo los jóvenes los más vulnerables y sufriendo daños, a veces irreparables, en su autoestima y en su personalidad. Los cambios propios del proceso evolutivo provocan necesidades de adaptación psicológica que a veces favorecen la aparición de disfunciones sexuales, como sucede por ejemplo en el adolescente con el descubrimiento del propio cuerpo y con el inicio de las relaciones sexuales.Cambios hormonales y emocionales importantes
También a lo largo de la vida se van a producir cambios hormonales y emocionales importantes que van a afectar plenamente la sexualidad del individuo, como pueden ser el embarazo, el posparto, la menopausia o la andropausia. Y por si esto fuera poco, se pueden producir disfunciones sexuales por múltiples causas, tanto físicas (por enfermedades o por tratamientos) como psicológicas.Al nacer ya lo hacemos como seres sexuados. Una buena educación sexual nos ayudaría a relacionarnos mejor, a disfrutar plenamente del sexo, a no correr riesgos innecesarios, a tener menos complejos.







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