Burger King España canceló el jueves su colaboración con Joaquín Domínguez, conocido como El Xokas, dentro de la campaña Grand King. La marca retiró de su web y aplicación el menú Cheese Bacon Classic asociado al creador de contenido y, a través de una historia de Instagram, confirmó la ruptura, asegurando que las declaraciones del streamer “no representan en ningún caso los valores que defendemos como marca”.
El origen de la polémica se remonta a más de una semana antes, cuando El Xokas reaccionó a una frase de la actriz Ester Expósito en el podcast ‘La Pija y la Quinqui’: “yo no dialogaría con nazis”. El streamer opinó que no valía la pena estar con una mujer tan atractiva si mantenía ese pensamiento político y remató diciendo que “prefiero estar con un 6 antes que con alguien como Expósito”. Figuras como Irene Montero o Javier Bardem criticaron públicamente al creador, pero Burger King no movió el menú en esos días.
El detonante: un comentario sobre el sueldo
Lo que sí llevó a la compañía a replantearse el trato fue otro vídeo, posterior y sin relación directa con Expósito. En un directo, tras ser preguntado si tenía entradas para la final del Mundial de fútbol, El Xokas presumió de su sueldo apelando directamente a la marca: “he ganado más en una promo de Burger King que tus padres en 20 años trabajando”, además de dirigirse con insultos a la madre de un espectador. La presión escaló hasta el Congreso, donde la portavoz de Compromís, Águeda Micó, exigió explicaciones.
El Xokas fue elegido para la campaña por ser, de los cuatro creadores fichados (junto a Marta Díaz, Peldanyos y Marina Rivers), el de mayor alcance. Llegó a ser el streamer español con más suscriptores en Twitch y en 2022 protagonizó uno de los picos de audiencia más altos de la plataforma, con 1,2 millones de espectadores en la final de una recreación del Juego del Calamar en ‘Minecraft’.
Antecedentes de colaboraciones fallidas
España ya tenía un precedente comparable. En 2018, Cuétara canceló en menos de 24 horas su campaña de cereales Choco Flakes con la cuenta de memes Cabronazi, que había vestido a su mascota como una versión rosa de Hitler. La empresa alegó que no había calculado bien el impacto de una colaboración pensada con “un tono desenfadado”.
El caso de El Xokas comparte patrón con otros internacionales. En 2022, Adidas rompió su acuerdo con Kanye West tras comentarios antisemitas, una decisión que le costó al artista cerca de 250 millones de dólares. Cinco años antes, Disney había roto su relación con el youtuber PewDiePie, entonces el creador con más suscriptores del mundo, después de que uno de sus vídeos mostrara un cartel con un mensaje antisemita.
Otro patrón frecuente es el contenido polémico antiguo que resurge. A Samantha Hudson, Doritos la nombró embajadora y la despidió 48 horas después, cuando se viralizaron tuits que ella había publicado en 2015, con quince años. Algo similar le pasó al youtuber Shane Dawson en 2020: cuando resurgieron vídeos antiguos suyos con bromas racistas y contenido que sexualizaba a menores, Morphe retiró de la venta la línea de maquillaje que había lanzado con él.
Los casos comparten una estructura común: las marcas necesitan lo que solo un creador de internet puede darles —cercanía con audiencias jóvenes—, pero ese acceso viene sin guion ni control editorial. Contratar a un creador implica comprar una persona, no solo su imagen: con su historial, su directo sin filtros y las opiniones polémicas que lleva a cuestas. De momento, el creador con más seguidores se lleva los contratos, pero no garantiza una campaña libre de controversias.










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