El agro de Estados Unidos llegará a la campaña 2027 enfrentando tasas de interés elevadas, altos costos de producción y una creciente presión sobre el endeudamiento de los productores, según la última encuesta de Farm Journal entre economistas agrícolas. Aunque el clima de negocios muestra señales de mejora, la rentabilidad continuaría bajo presión, un escenario que podría modificar la competencia global y generar tanto oportunidades como riesgos para los productores latinoamericanos.
Estados Unidos es uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo y un formador clave de precios internacionales. Cuando sus productores reducen inversiones o ajustan la superficie sembrada, el impacto se refleja en los mercados globales. Esto significa que agricultores de México, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Brasil y Argentina, así como productores de café, arroz, caña de azúcar, frutas, hortalizas y ganadería, podrían verse afectados por cambios en los precios de granos, fertilizantes y otros insumos estratégicos.
El costo del dinero, principal desafío
A diferencia de crisis anteriores, el mayor problema no es exclusivamente el precio de los commodities, sino el financiamiento. Once de los quince economistas consultados creen que las tasas de interés para créditos operativos agrícolas volverán a aumentar en 2027; el resto considera que permanecerán sin cambios. Ninguno espera una reducción.
Un agricultor estadounidense con mayores costos financieros suele invertir menos en tecnología, maquinaria o expansión del área sembrada. Esa situación podría modificar la oferta futura de granos y abrir espacios comerciales para exportadores latinoamericanos, especialmente en mercados donde compiten directamente con Estados Unidos.
Costos de producción sin tregua
Los economistas creen que fertilizantes, semillas y productos fitosanitarios continuarán cotizando en niveles elevados durante 2027, limitando la recuperación de los márgenes incluso si mejoran los precios internacionales. La mayoría de los países de América Latina depende de fertilizantes importados, por lo que cualquier tensión en estos mercados repercute directamente sobre la rentabilidad de los productores.
Aunque los desafíos persisten, la percepción sobre la economía agrícola estadounidense mejoró: más de la mitad de los economistas considera que la situación actual es mejor que hace un mes, y casi la mitad espera una mejora gradual durante el próximo año. Sin embargo, la variable que más preocupa es la deuda: la capacidad de pago de los créditos agrícolas aparece como el principal indicador para anticipar el estado financiero del sector.
El aumento de la morosidad en los préstamos agrícolas podría convertirse en la principal señal de alerta. Si la rentabilidad continúa deteriorándose, Estados Unidos podría reducir inversiones, disminuir el uso de tecnología o modificar la superficie destinada a ciertos cultivos, decisiones que inevitablemente repercuten en los mercados internacionales. Para América Latina, esto también influye en la producción de carne bovina, porcina y avícola en México, Colombia, Perú, Ecuador y Centroamérica, donde el costo del maíz y la soja es fundamental para la alimentación animal.
Subsidios y cultivos en riesgo
La encuesta refleja un debate que trasciende fronteras: seis de cada diez economistas consideran que los pagos extraordinarios del gobierno están retrasando el ajuste natural de los costos y reduciendo la competitividad. Respecto a un eventual paquete de ayuda de entre US$12.000 y US$20.000 millones, la mayoría cree que servirá para sostener el capital de trabajo, aunque otros advierten que podría impulsar el valor de la tierra y los alquileres agrícolas.
Entre los cultivos con mayor riesgo de pérdidas en 2027, el maíz encabeza ampliamente las respuestas, seguido por algodón y trigo. Esto es relevante para América Latina: México, Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia producen millones de toneladas de maíz cada año, mientras que Colombia, Perú, Ecuador y varios países de Centroamérica dependen de importaciones para su industria pecuaria. Cualquier cambio en la producción estadounidense puede alterar el equilibrio del mercado y modificar los costos de alimentación animal en toda la región.
La encuesta muestra que Estados Unidos no enfrenta un problema de productividad, sino un desafío financiero. Las tasas de interés, los costos de producción y el endeudamiento condicionan las decisiones de inversión, justo cuando la competencia global se intensifica. Grandes exportadores como Brasil y Argentina podrían ganar competitividad si EE.UU. pierde participación, pero también deberán convivir con alta volatilidad en fertilizantes, energía y financiamiento. Los productores de la región, incluidos los peruanos, seguirán atentos a la evolución de los precios internacionales.









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