La contundente derrota en Stamford Bridge deja un poso agridulce porque condensa, en noventa minutos, las dos caras de una misma moneda. Por un lado, el choque desnudó sin piedad las carencias de una Real Sociedad a la que le faltan recursos, fondo de armario y, sobre todo, caras nuevas. Con la casilla de fichajes aún a cero a estas alturas de agosto y una evidente fragilidad defensiva, el equipo de Matarazzo se mostró demasiado tierno en las áreas, evidenciando que la plantilla necesita refuerzos con urgencia si pretende competir con garantías.
Un rival de otra dimensión
Ahora bien, un análisis riguroso exige no perder la perspectiva: el Chelsea juega en otra liga. El conjunto londinense es un transatlántico financiero capaz de juntar a una 'unidad B' repleta de talento estelar que sería titular en casi cualquier transatlántico europeo. La brecha presupuestaria y de fondo de armario entre ambos clubes es colosal, por lo que tropezar ante un rival de semejante envergadura entraba dentro de lo puramente lógico.
Diagnóstico y realidad
Una cosa no quita la otra, ni la otra invalida la primera. Señalar que la Real está verde y necesitada de refuerzos es un diagnóstico certero y necesario -veremos cuando estén a tono los buenos-; asumir que el Chelsea era inmensamente superior y que lo normal era perder, un ejercicio básico de realidad. El verdadero problema no es caer en Londres, sino arrancar el curso con la sensación de que los deberes en el mercado se han quedado a medio hacer.









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