Un día después de que su proyecto para crear una empresa comercial de la FIFA provocara una ola de críticas desde Europa y otros sectores del fútbol, el presidente del máximo organismo, Gianni Infantino, defendió públicamente la iniciativa y aseguró que se trata de una alternativa voluntaria, no de una imposición.
A través de un video difundido por la FIFA, el dirigente sostuvo que la propuesta forma parte de un proceso de consulta y deberá seguir el camino establecido por los mecanismos de gobernanza de la institución. “Es una propuesta, una oferta”, remarcó, insistiendo en que el debate recién comienza.
Rechazo europeo
Las declaraciones llegan en medio del fuerte rechazo expresado por la UEFA, diversas federaciones nacionales e incluso autoridades políticas como la Unión Europea y el primer ministro británico, Andy Burnham, quienes cuestionaron la falta de transparencia y los riesgos de abrir el negocio del fútbol a inversionistas privados.
Infantino, sin embargo, defendió el proyecto bajo un argumento económico. Según explicó, una parte importante del crecimiento comercial que experimenta el fútbol internacional no llega a las asociaciones que más necesitan recursos para desarrollarse.
La propuesta
La iniciativa contempla la creación de una sociedad encargada de administrar activos comerciales de la FIFA, incluidos torneos como la Copa del Mundo, con la posibilidad de captar inversión privada. De acuerdo con los cálculos presentados por el organismo, el nuevo modelo permitiría distribuir alrededor de 20 millones de dólares adicionales a cada una de las 211 federaciones miembro.
Para el presidente de la FIFA, el objetivo es acelerar el crecimiento del fútbol en mercados emergentes. Como ejemplo mencionó el caso de Cabo Verde, una de las selecciones revelación del último Mundial, que alcanzó los dieciseisavos de final y llevó a Argentina hasta el tiempo suplementario antes de quedar eliminada.
“Estamos ante una oportunidad extraordinaria para impulsar el desarrollo global del fútbol”, señaló Infantino, quien reiteró que ninguna federación estará obligada a adherirse al proyecto y que la decisión final dependerá de cada asociación miembro.
Mientras tanto, la resistencia europea sigue creciendo y el debate sobre el futuro del negocio del fútbol apenas comienza.










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