Huánuco no está frente a un problema menor ni decorativo. Si más de 400 variedades de papa andina podrían perderse por falta de atención, valor y respaldo a quienes las cultivan, entonces la región enfrenta una advertencia que toca su identidad, su alimentación y su futuro productivo.
Diario Ahora sostiene que la papa nativa no puede seguir siendo tratada como símbolo de feria, fotografía institucional o motivo de orgullo pasajero. La riqueza agrícola de Huánuco existe porque hay familias campesinas que todavía conservan semillas, saberes y prácticas heredadas. Pero esa conservación no puede descansar solo en la resistencia silenciosa del agricultor.
El Mururaymi 2026, que llegará a Quicqui en su edición 25, debe servir para algo más que exhibir colores, formas y nombres de tubérculos. Debe abrir una discusión seria: ¿qué está haciendo Huánuco para que sembrar papa nativa sea una actividad viable y no una carga heredada?
Porque cuando una variedad deja de sembrarse, no desaparece únicamente un producto. Se pierde memoria agrícola, conocimiento sobre suelos, adaptación al clima, alimentación diversa y una parte del territorio. La pérdida de semillas nativas no ocurre de golpe; ocurre cuando los jóvenes migran, cuando no hay caminos, cuando el precio no compensa, cuando falta mano de obra y cuando el mercado prefiere volumen antes que diversidad.
El llamado de Luis Artica Arroyo debe ser tomado como punto de partida, no como una declaración más. La región necesita dejar de confundir celebración con conservación. Una fiesta puede visibilizar la riqueza de las semillas, pero no garantiza que al año siguiente el productor tenga condiciones para sembrarlas nuevamente.
También corresponde mirar con honestidad el papel de las autoridades. No alcanza con anunciar mantenimiento de vías, apertura de caminos o apoyo a la producción orgánica si esas acciones no se sostienen, no se miden y no llegan de manera efectiva a las comunidades productoras. La papa nativa necesita política pública, no solo presencia protocolar.
El mundo ya entendió que la seguridad alimentaria depende de proteger la diversidad agrícola. Existen depósitos globales de semillas y centros especializados en la conservación de papa. Pero ningún banco genético reemplaza al agricultor que selecciona, siembra, intercambia y mantiene viva una variedad en su chacra.
Huánuco tiene una ventaja que muchas regiones quisieran: diversidad agrícola, historia campesina y reconocimiento cultural alrededor de la papa. Pero esa ventaja puede convertirse en pérdida si no se protege con seriedad. La identidad no se defiende solo nombrándola; se defiende invirtiendo en quienes la sostienen.
Diario Ahora considera que la agenda debe ser clara: respaldo técnico permanente, mercados diferenciados para variedades nativas, compras públicas cuando corresponda, educación que enseñe a valorar las semillas locales y una estrategia territorial que conecte conservación con turismo, gastronomía y economía rural.








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